Las cuentas del AVE, a golpe de ábaco... averiado. Eso es lo que están contando: que podrían estar mal hechas, que alguien pudo haber sumado mal lo que hay que pagar por traviesa, por metro de túnel, por... Que, además, todavía hay mucho, de lo ya terminado, por pagar. El AVE, en el limbo político, otra vez. Sobre la mesa, o debajo de la mesa, o en el cajón, o jugando al escondite por los pasillos del Ministerio de Fomento... Después querrán que en Europa nos tomen por un país serio y riguroso. El rigor, y mientras no llegue será más bien el rigor mortis, es coger el AVE por las plumas, el pico y las patas, y cumplir el pacto del Obradoiro firmado por los ¿grandes partidos? Traducido a fechas: que su trazado esté concluido a finales del 2015, que ya es un lustro más de lo previsto. Pero no. Mejor seguimos colgados de este AVE bisiesto, ese que acelera un mitin cada cuatro años y, conseguido el voto, el objetivo para el que han sido llamados, entra en vía muerta.