Cuando se mide la monarquía por su precio

OPINIÓN

29 dic 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

A la hora en que escribo esta crónica, la encuesta de la página web de La Voz de Galicia dice lo siguiente: que al 66 % de los lectores que han querido contestar les parece excesivo el sueldo del rey; al 34 % les parece correcto o escaso. El cronista que suscribe está en el sector minoritario. Que el jefe del Estado español cobre 14.000 euros netos al mes, después de pagar un 40 por 100 de IRPF, le parece un dinero ajustado. Como todo es relativo, parecerá una inmensidad a cualquier mileurista, a los empleados de los minitrabajos y no digamos a un parado. En cambio, estará por debajo de la mayoría de los ejecutivos de las grandes empresas, y su majestad es un pobre de solemnidad al lado de todos los que comparten cacerías con él. Algunos de ellos ganan en un año los 8,4 millones de presupuesto total de la Casa Real. Menos mal que los gastos fijos de luz, teléfono o transportes corren a cargo de la comunidad. Igual que los del presidente del Gobierno, los señores ministros y todos los cargos que disfrutan de residencia oficial.

Eso es lo que, a mi juicio, se desprende del desglose de las cuentas que ayer presentó la Casa Real. También me parece escaso el sueldo del príncipe de Asturias, que se queda en la mitad de su padre. Y es perfectamente asumible la cantidad que el rey reparte con la reina, la princesa y las infantas como gastos de representación. No me extraña que doña Letizia tenga que repetir tanto el vestuario, para regodeo de algunas escrutadoras revistas del corazón: tiene que vestir con la solemnidad que corresponde a su rango para multitud de actos públicos, pero tiene una asignación más acorde con su antigua profesión de periodista que de princesa de Asturias.

De todas formas, no sé si este debate es un poco cutre. Desde luego, puede alimentar bajos instintos en un país donde tanta gente tiene problemas de supervivencia o vive de la caridad. Y miren: cuando se trata de una institución pública, lo importante es saber si existe transparencia, y a partir de ahora existe. Si hay algo que criticar, es la opacidad anterior. A continuación, lo relevante es si el uso del dinero público se hace conforme a las previsiones legales, y no hay ninguna duda. Después hay que analizar si las personas de la familia real que perciben ingresos cumplen sus obligaciones fiscales, y no tenemos noticia en sentido contrario. Hay que plantear también si los 8,4 millones de euros anuales se destinan a los fines para los que están previstos, y para eso hay un interventor que lo garantiza. Y, por último, no me digan que la utilidad de la monarquía se ha de medir por su precio. Que aceptemos la monarquía porque es barata me parece una auténtica aberración.