La autoridad del maestro

Celso Currás
Celso Currás NUESTRA ESCUELA

OPINIÓN

La autoridad en general y la del maestro en particular osciló en nuestro país, como tantos otros valores, de un extremo a otro. Del autoritarismo más injusto se ha pasado a la permisividad más injustificable. El auténtico concepto de autoridad se ha deformado hasta el punto de asociarse con autoritarismo o vincularse a posturas políticas conservadoras. El falseamiento de este valor, esencial en una sociedad democrática, se ha convertido en un problema con especial incidencia en la familia y consecuencias muy negativas para la escuela. No corren buenos tiempos para la auctoritas del maestro, es decir, para su prestigio, crédito o legitimidad. Menos aún para su potestas , poder o facultad de mando. A la gran dificultad que supone hoy enseñar, se suma la imposibilidad de mantener el orden en la clase y el riesgo de agresiones verbales o incluso físicas. Por ello, son importantes y necesarias las propuestas, iniciadas por el Partido Popular, para la elaboración de normativas que potencien la autoridad del profesor e incluso le reconozcan el rango de autoridad pública, lo que implica dotarlo de presunción de veracidad, tipificar como delito las agresiones que sufra o posibilitar que la Fiscalía pueda perseguir de oficio estas acciones punibles. Esta norma contribuiría a reforzar la potestas del maestro, pero también es necesario mejorar su prestigio, para lo cual resulta imprescindible la colaboración de la sociedad, de los medios de comunicación y, sobre todo, de la familia. En un reciente estudio del Observatorio Estatal para la Convivencia, un 70% de las familias reconocen una inadecuada educación en el hogar para transmitir el respeto al trabajo y a la autoridad del docente. Es evidente que no se pueden inculcar estos valores si antes no se practican en casa. Los expertos coinciden en que la autoridad de los padres es un elemento esencial para el normal desarrollo y formación de sus hijos. Sin embargo, según el profesor Elzo, de la Universidad de Deusto, el 42% de las familias practican una educación permisiva, sin normas ni límites, evitando cualquier tipo de conflicto. Obviamente, al maestro, en solitario, ni le corresponde ni le resulta posible resolver esas carencias. La educación de los hijos tiene mucho de sentido común, pero también de ciencia. Cada día hay más padres desorientados e incluso angustiados porque la situación los desborda. De ahí que sea necesario y urgente un plan eficaz, práctico y continuo para su formación y orientación, con la colaboración de las asociaciones de madres y padres. Solamente un 20% de los progenitores reciben esta capacitación, pero la demanda es cada vez mayor y ya existen cursos útiles, tanto a nivel presencial como incluso virtual.