Formación profesional

OPINIÓN

17 oct 2018 . Actualizado a las 10:44 h.

Tres han de ser hoy los principales objetivos de la formación profesional (FP). El primero, la efectiva integración de las tres ofertas existentes: la reglada, en el sistema educativo; la ocupacional, dirigida a los desempleados; y la continua, para los trabajadores ocupados. Funcionar por separado supone un derroche de recursos humanos y materiales, porque estos son válidos para los tres subsistemas. Funcionar conjuntamente supone coordinar las Administraciones educativa y laboral y los sindicatos, pero, sobre todo, conseguir un sistema integrado de cualificación y formación que tenga en cuenta las demandas de la empresa. Esencialmente con este fin, el Plan Gallego de FP (2002-2006) creó los centros integrados, que ya son 13 en la actualidad. En todos ellos, aprovechando los buenos profesores y equipos de que se dispone, se imparten las citadas modalidades, especializándose en familias profesionales de gran demanda: hostelería, madera, sanidad, informática Es necesario crear más centros integrados, hasta conseguir una oferta variada y completa. Un segundo objetivo, estrechamente unido a la formación y cualificación, ha de ser la orientación profesional, clásica deficiencia de nuestro sistema educativo. Muchos alumnos no saben adónde ir porque desconocen absolutamente tanto sus propias capacidades como los diferentes caminos que pueden elegir. Las corrientes más fuertes acaban arrastrándolos. Y en estas no suele estar incluida precisamente la FP. Luego vienen los fracasos, que se podían haber solucionado con una buena orientación laboral. En tercer lugar, la FP necesita ganar cada día un mayor prestigio. El mercado de trabajo demanda fundamentalmente técnicos y, sin embargo, seguimos empeñados en darle titulados universitarios. ¿Por qué no eligen más estudiantes la opción de la FP? Porque, entre otras razones, muchos responsables y profesionales de la enseñanza secundaria siguen adoptando posturas sectarias, de enfrentamiento entre el bachillerato y la formación profesional. Ya queda lejos, afortunadamente, el viejo modelo que concedía un «premio de consolación» a los que no conseguían el título de graduado escolar. Estamos en la Unión Europea. Los países más avanzados miman su FP, que tiene, sobre todo, un gran prestigio social. Recuerdo, por ejemplo, cuando comprobamos in situ la eficacia del sistema dual alemán. Esos países deben ser nuestro referente, pero para ello es necesario eliminar primero los viejos prejuicios injustificados y conseguir coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. A estas alturas ya debe estar claro que una cosa es predicar y otra dar trigo.