Embalsamados

OPINIÓN

MICK JAGGER se contonea. Y canta el Satisfaction . Y corre por todo el escenario. E intenta hacer lo mismo que cuando era un veinteañero, pero con 60 primaveras. Arrastra tras de sí el entusiasmo de unos seguidores que acuden a ver los conciertos de los Stone s más por lo que fueron que por lo que son. Así, sus actuaciones se han convertido en un ciclón de melancolía, en un antagonismo del espíritu del rock, siempre inconformista, indomable, que mira hacia adelante y que se rebela ante lo viejo. La tropa de Jagger hizo sobrados méritos para alcanzar un lugar en el Olimpo. De hecho, él mismo definió a los Stones como el grupo más grande de la historia del rock and roll. Unos tipos feos, mal encarados, que se retorcían en el escenario y que derrochaban una agresividad rockera atómica, se convirtieron en toda una referencia para varias generaciones. Pero a estos ingleses que han vendido más de doscientos millones de discos les ha dado por desafiar al reloj biológico. La imagen de Jagger y Richards imitándose a sí mismos en medio de una tormenta de arrugas carece de la épica que muchos nos pretenden vender. Los Stone s han decidido embalsamarse en vida y exhibir la momia por el mundo adelante. Se han empeñado en protagonizar su pasado todos los días y atentar contra su propia grandeza, tal vez, ocultando su incapacidad para gestionar su presente sexagenario. Es verdad, Mick Jagger sigue contoneándose. Y continúa cantando el Satisfaction . Y corre por el escenario. Y pone morritos y levanta la mano al cielo. Algo meritorio para quien dentro de diez días soplará 64 velas, pero triste para la leyenda de los Stones . Sus Satánicas Majestades se están jugando algo más que la longevidad profesional: o pasar a la historia como leyendas del rock o como rockeros embalsamados.