CUANDO EN nuestras ciudades se elaboran los planes generales de ordenación municipal suele reclamarse que, en la aprobación definitiva por parte de la Xunta de Galicia, esta no entre a valorar el «modelo de ciudad»; porque se entiende que este sería un terreno de competencia exclusiva del ayuntamiento que democráticamente lo aprobó. Muy singularmente, suelen incluirse en tal autonomía las estimaciones de crecimiento demográfico y de demanda residencial y -en consecuencia- las de oferta de suelo y edificabilidad. Dudo mucho que tal asunto pueda analizarse racionalmente por parte de los ayuntamientos de nuestras ciudades. Y si así fuese, sería muy necesario que el Gobierno gallego tomase cartas en el asunto, porque todos conocemos ayuntamientos (Ponteareas, Porriño, Teo, Culleredo...) con un crecimiento demográfico espectacular, a la sombra del empleo que se genera en el núcleo urbano del que son corona. Los técnicos en el asunto aplican a esto la palabra y concepto anglosajón de commuting : el porcentaje de residentes en estos municipios que se desplazan diariamente a la ciudad de trabajo. Son municipios que mantienen relaciones funcionales con su núcleo urbano, que genera su oferta residencial, que reclama infraestructuras de comunicación, etcétera; y que debieran considerarse como elementos de la conurbación urbana a efectos de planificar el plan general del núcleo y el suyo propio. Con datos del censo de población del 2001, un reciente estudio realizado en la Universidad Autónoma de Barcelona aplicando un criterio idéntico (de commuting ) en toda España, determina estas coronas metropolitanas en Galicia: hacia Vigo, veintiocho municipios (con lo que pasamos de 280.000 a 550.000 habitantes); en A Coruña, treinta y dos municipios (con lo que pasamos de 236.000 del núcleo a 485.000 de la conurbación); en Compostela, diecinueve (de 90.000 a 204.000). Ciertamente, los planes generales de esos núcleos urbanos apenas se ocuparían de la mitad de su real modelo de ciudad. Debe de ser por eso que el Gobierno vasco -a través de sus Directrices de Ordenación del Territorio- obligó desde 1997 a compatibilizar los ordenamientos urbanísticos de dieciocho ayuntamientos del área funcional de Bilbao. Porque es este un claro ejemplo de imposibilidad de dejar en las manos de cada ayuntamiento afectado su modelo de ciudad. Y también de cómo las necesidades del conjunto (en viviendas o suelo industrial) no pueden ser el resultado de las que se definen por la suma de unas partes que las calculasen con absoluta independencia del resto. Sinceramente, creo que los que se atrincheran detrás de la autonomía municipal para definir sin interferencias externas su modelo de ciudad, son miopes a estas realidades metropolitanas. ¿Tomará nota la actual Xunta?