LOS LECTORES de más edad recordarán perfectamente cómo se celebraba la santa misa antes de 1970. En ese año, Pablo VI promulgó el nuevo Misal romano , en el que cristalizaba de forma visible la reforma litúrgica promovida por el Concilio Vaticano II. Con el nuevo misal, el Papa y el concilio no pretendían cambiar la misa, sino favorecer una más plena participación de los fieles; para ello se ofrecía una mayor riqueza bíblica en las lecturas, se recuperaban la homilía y la oración de los fieles, se facilitaba el uso de las lenguas vernáculas, se permitía la comunión bajo las dos especies y se restauraba la concelebración. El nuevo misal de Pablo VI venía de algún modo a sustituir el antiguo Misal romano , promulgado por san Pío V en 1570, a raíz del Concilio de Trento, y publicado, en su última redacción, con la autoridad de Juan XXIII, en el año 1962. Realmente este misal antiguo jamás fue jurídicamente abrogado. Y, después del concilio, muchas personas siguieron viendo en ese misal la concreción de la forma preferida para celebrar la misa. Algunos, como monseñor Lefebvre y sus seguidores, desde más allá de la frontera del cisma. Pero otros, desde la plena comunión católica. Este telón de fondo está detrás de la carta apostólica que Benedicto XVI acaba de hacer pública en la forma de motu proprio el 7 de julio. ¿Qué hace el Papa con esta carta? Liberalizar el uso del misal de san Pío V -del misal vigente antes de la promulgación del nuevo misal de Pablo VI-. No se trata, dice el Papa, de dos ritos alternativos, sino de un doble uso del único y mismo rito romano. La forma «ordinaria» -normal- de celebrar la santa misa seguirá siendo aquella que utiliza el misal de Pablo VI. Pero, junto a esta forma ordinaria, se autoriza ampliamente una forma «extraordinaria», empleando el misal de san Pío V. Para que no haya malentendidos, Benedicto XVI explica, en una carta a los obispos, que con esta medida en absoluto se cuestiona la autoridad del Concilio Vaticano II y que la finalidad de esta normativa es la de ayudar a la reconciliación interna en el seno de la Iglesia -en especial, con los sectores tradicionalistas- . Por otra parte, el mismo Papa manifiesta que el uso del misal antiguo presupone un nivel de formación litúrgica y un acceso a la lengua latina que «no se encuentran tan a menudo». Es decir, que para la mayoría de los católicos todo seguirá como hasta ahora.