UN ALTO responsable del Partido Popular te cuenta en privado que Mariano Rajoy está cautivo y desarmado. Que lo que le pasa al líder de su partido es que ni hace lo que le gustaría hacer ni dice lo que le gustaría decir, porque se encuentra sometido a los dictados de un sector de su propia formación, de los líderes de la FAES y de los ideólogos mediáticos. Y esto, más o menos, es lo que pensamos también una multitud. El mismo alto dirigente del Partido Popular te dice en privado que Mariano quedó satisfechísimo del encuentro que hace unos días mantuvo con Zapatero, en el que le mostró su apoyo incondicional para acabar con el terror etarra. Pero te cuenta también que los mismos sectores lo llamaron al orden, le afearon la conducta, y que por eso Mariano hizo lo que hizo en el debate sobre el estado de la nación. Otro alto cargo de los populares te comenta, siempre en privado, que a Mariano no le ha beneficiado nada el anuncio del regreso de Rodrigo Rato. Que al menos anímicamente le ha afectado un montón y que hay gente en la sede de Génova que no se corta ni un pelo haciendo insinuaciones maliciosas. Un tercer dirigente popular te explica, en privado naturalmente, que el gran error de Mariano y de su partido es haber dado por amortizado a Zapatero. Que ese mismo sector de los populares, esos mismos líderes de la FAES y esos ideólogos mediáticos han llevado a Rajoy al convencimiento de que el presidente está acabado. Y que eso es, precisamente, lo que puede acabar con ellos. Y los tres altos dirigentes del Partido Popular se atreven a decir lo que a uno le cuesta trabajo decir. Que Zapatero le ha ganado por goleada el debate a Rajoy. Y que con ese entreguismo, Mariano le está haciendo un flaco favor al partido. Sinceramente, que Mariano le haga un flaco favor a su partido a un servidor le trae sin cuidado. Lo que le preocupa, como a toda una multitud, es el flaco favor que le está haciendo a este país que llamamos España.