Un riesgo permanente

| CARLOS G. REIGOSA |

OPINIÓN

02 jul 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

LOS EXPERTOS han atribuido al terrorismo internacional -y en particular al de Al Qaida- las tres características siguientes: a) su violencia indiscriminada, con el objetivo de globalizar sus efectos; b) su imprevisibilidad, al extender el terror a cualquier parte; y c) su preferencia por áreas y poblaciones civiles vulnerables. Las tres características se han cumplido en el desdichado atentado terrorista de ayer en Yemen contra un convoy en el que viajaban doce turistas españoles. El ataque se produjo a unos 130 kilómetros de la capital de Yemen, cerca de la antigua ciudad de Mareb, una de las regiones que, según informa el ministerio español de Asuntos Exteriores en su página de Internet (actualizada en mayo pasado), «no resultan en la actualidad recomendables y en caso de viajar hasta ellas es imprescindible el acompañamiento de un guía local y escolta militar». El ministerio era explícito en este punto al advertir del «riesgo de acciones terroristas» y de la actuación de tribus que «recurren al secuestro de ciudadanos extranjeros para conseguir algún trato de favor del Gobierno». Sin embargo, nada hacía prever en esa zona turística un ataque de estas características, que responde al modelo de Al Qaida y que se define por su pretendida y buscada impredecibilidad y por dirigirse contra personas e intereses occidentales. Le tocó la china a ese lugar como podía haberle tocado a otro cualquiera. Porque ése es el mensaje que quieren hacer llegar los terroristas: que están en condiciones de conseguir que sus bombas estallen en Londres, en Bagdad o en Mareb, ya que el espacio de su actuación es el mundo entero. El trágico suceso de ayer desvela una vez más -ahora de nuevo en nuestras propias carnes- la enorme magnitud del riesgo terrorista que despliegan Al Qaida y sus grupos reflejos. España y la Unión Europea tienen que demostrar, con acciones concretas y concertadas, que son conscientes de esta realidad. No se trata de copiar el modelo bélico de EE.?UU., pero tampoco de quedarse a verlas venir. Si el espacio de lucha para Al Qaida es el mundo, también debe serlo para quienes sufren sus zarpazos letales. Lo contrario sería no entender nada de lo que está ocurriendo, mientras lloramos a nuestros muertos.