EL CUENTO de nunca acabar parece tener una versión gallega protagonizada por el AVE. Es difícil entender de otro modo ese «despiste» del Ministerio de Fomento al olvidarse del segundo túnel del Padornelo. Es algo que suena a desinterés mayúsculo e incluso insultante. Por ello me ha parecido tan oportuno y tan necesario que el presidente de la Xunta, Emilio Pérez Touriño, se haya puesto serio y haya exigido el cumplimiento del compromiso «inapelable» asumido por el propio Zapatero, que cifró en el año 2012 la puesta en funcionamiento del AVE Galicia-Madrid. Jugar o frivolizar más con este asunto nos convertiría en el pito del sereno y, lo que es peor, nos daría razones para sentirnos aldraxados por tanta irresponsabilidad impune. Y en esto no son determinantes los colores políticos. Importa poco cuánta culpa es del ex ministro Francisco Álvarez Cascos y cuánta le corresponde a la actual titular de Fomento, Magdalena Álvarez. ¡Sólo faltaría que nuestros políticos se entretuviesen ahora en echarse la culpa unos a otros, mientras las demoras siguen galopando y engullendo nuestro futuro! Se trata de enmendar el yerro -insólito, ciertamente- y respetar lo comprometido con todo un pueblo. Si el AVE se ha definido una y otra vez como un instrumento imprescindible para la cohesión y modernización de España, no tiene justificación el permanente encadenamiento de retrasos que se producen en el caso gallego. No salimos del tropiezo en las minas de Serrabal y nos damos de bruces con el túnel del olvido en el Padornelo. ¿Qué viene después? ¿Cuál es el siguiente sobresalto? Insisto en que el presidente de la Xunta ha hecho bien en ponerse serio, y creo que el PP y el BNG debieran formar con él una piña exigente en este asunto. Mirar hacia atrás para ajustar unas cuentas en las que no hay inocentes nos impediría ver el futuro con la energía reivindicativa necesaria. Galicia va a ser la última comunidad en disponer del AVE. Pero no es lo mismo tenerlo en el 2012 que en el 2020, que es la fecha -esta última- hacia la que apuntan muchos expertos, espero que lastrados por un pesimismo tan justificado como erróneo. ¡Porque hay que salir del AVE de nunca acabar!