Debate sobre seis ataúdes

| FERNANDO ÓNEGA |

OPINIÓN

SEIS soldados muertos. Un mazazo. Este país nuestro, a pesar de llevar, de sufrir, de llorar 135 cadáveres en misiones internacionales, no se hace a la idea de pagar un alto precio en vidas humanas. Quizá sea culpa de ese ambiente de misión humanitaria creado por el Gobierno. Quizá sea que se hurtó a la sociedad una información detallada de los riesgos. O quizá que todos hemos preferido no ver esos peligros, en función del cumplimiento de las obligaciones de defensa que impone nuestro papel en el mundo. Por lo que sea, la triste noticia del atentado del Líbano ha conmovido a la sociedad y ha agitado el debate político. Como tantas veces, se cumple la sabiduría popular: nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena. Una parte apreciable de la opinión publicada comentó ayer la noticia con un dolor rayano en la fruición: la fruición de ver cómo se podía cargar un nuevo debe sobre las espaldas de Zapatero. Era el momento de recordarle sus complejos por la retirada de Irak; que habla de misiones de paz; que contempla a los ejércitos como organizaciones benéficas¿ De forma poco sorprendente, don Mariano Rajoy asume esas críticas, como si hubieran surgido de una reunión de maitines del PP, y basa en ellas su ofensiva de oposición y control. Se dispone a pedirle al presidente que explique en qué consiste la misión. Es una pregunta legítima, pero discutible cuando el PP dio su conformidad al envío de tropas. ¿Es que lo hizo con los ojos cerrados? Matizo que esa información que se pide es necesaria. Es más: tenemos pendiente un debate parlamentario serio sobre el papel de nuestros ejércitos en el exterior. Tenemos pendiente aclarar en qué condiciones debemos seguir en Afganistán, donde una parte de los aliados causan matanzas de civiles, hasta el punto de ser tan odiados como los talibanes. Y tenemos pendiente conocer si la propia ONU, bajo cuyo manto nos movemos, sabe exactamente qué pretende en sus misiones de paz. Lo que resulta incómodo de la oposición es la crítica fácil, encaminada únicamente a poner al gobernante frente a sus contradicciones. Por eso digo: saber a qué estamos en el Líbano, sí. Pero también exigir otras cosas al Gobierno. La primera, que explique por qué permite que haya vehículos blindados sin inhibidores en lugares de tanto riesgo. Ese material no impide todos los atentados, como bien saben las tropas americanas en Irak, pero sí evita los suficientes como para ser imprescindible. Y si hay que aprobar un crédito extraordinario, apruébese. No se puede mandar a nadie a una misión de Estado sin garantizar su seguridad. Y aún garantizándola, habrá bajas. Porque no viajan a paraísos. Van a misiones de paz, pero en escenarios de muerte y de terror.