ADEMÁS de las refriegas, incumplimientos y desacuerdos, puestos de manifiesto este fin de semana, los tres principales partidos que tienen responsabilidades en este país noso han dado una lección de cordura, de dignidad, responsabilidad y sensatez. Lo han hecho en el municipio coruñés de Toques, donde corríamos el riesgo de ver al frente de la alcaldía a un delincuente condenado por abuso de menores. Pero no. Al final Jesús Ares Vázquez, que así se llama el insigne personaje que abusó sexualmente de una menor, que además resultó ser la hija de un amigo, se ha quedado sin la alcaldía que venía ostentando desde 1982. Populares, socialistas y nacionalistas, insisto, en una lección de responsabilidad, se han puesto de acuerdo porque la situación requería de ese consenso para cerrarle el camino a este singular personaje. No obstante, lo que a un profano como un servidor le llama poderosamente la atención es el hecho de que el acuerdo hubiese de establecerse para desbancar a un delincuente que fue apoyado de forma significativa en las urnas el pasado 27-M. Con el 43,69% de los votos emitidos. Lo que quiere decir que en Toques casi la mitad del censo electoral está por la labor de colocar en el digno sillón de alcalde a un malhechor abusador. Y eso sí que debe inquietarnos. Inquietud por los 523 que votaron para que el agresor sexual Jesús Ares fuese el regidor municipal. Por los 523 que lo hicieron así porque entendieron que los abusos sexuales a menores hay que premiarlos con una alcaldía. Por los 523 que, como el resto de Galicia, saben de la condena y de la carencia de escrúpulos del tal Jesús Ares y, sin embargo, han querido que siguiera siendo su guía. A partir de ahora, además de preocuparnos por el comportamiento del ilustre Jesús Ares Vázquez, deberemos intranquilizarnos por la aquiescencia que los 523 de Toques le otorgaron a su inmoralidad, a su obscenidad y a su impudicia. Los 523 de Toques que creen que abusar sexualmente de una menor es lo mismo que marcarse un pasodoble.