El futuro de Ferrol, en entredicho

| XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS |

OPINIÓN

10 jun 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

FERROL es, ante todo, una ciudad portuaria. Lo fue, en su nacimiento, cuando la Armada la eligió como refugio inexpugnable de su flota y como arsenal de construcción y mantenimiento de la misma. También lo fue cuando tuvo en su ría los grandes astilleros de Fene. Y lo quiere ser ahora cuando, a través de su puerto exterior o de las instalaciones de Mugardos, quiere configurarse como una referencia estratégica en la importación y distribución de energía. Ferrol -industrial, universitario, comercial y turístico- es algo más que una base militar o un astillero. E incluso su puerto, que quiere diversificar su actividad en el marco de la competencia suicida que mantienen entre sí -no con Gijón o Leixões- los puertos gallegos, aspira a ser algo más que fragatas, gas y carbón. Pero la base de todo es el puerto en su configuración actual, en la medida en que constituye un aprovechamiento inteligente de la única ventaja comparativa de la que dispone la ciudad. Por eso hay que considerar un grave error el hecho de que Ferrol sea el único puerto europeo en el que se ponen cortapisas al derecho de navegación. Contra lo que la gente cree, la calidad de un puerto no se define por sus paisajes, ni por las condiciones naturales de navegabilidad, sino por su situación comercial estratégica, por la población industrial a la que sirve, por la buena gestión de la estiba y desestiba, por las conexiones estables con otras líneas marítimas, por la eficiencia de sus comunicaciones terrestres y por la seguridad con la que operan los grandes consignatarios. Y por eso no es bueno que, además de competir en difíciles condiciones estructurales y estratégicas, algunos ferrolanos contribuyan a crear la negativa imagen de su puerto que está sobre la mesa de los grandes consignatarios e inversores europeos, a los que no les gusta perder 300.000 euros por cada tarde de fondeo, mientras esperan a que el delegado del Gobierno limpie de chalanas y alborotadores la bocana de Mugardos. La ubicación de Reganosa pudo ser, diez años atrás, todo lo discutible que se quiera. Pero ya no lo es. Su funcionamiento, ahora indispensable, depende de la buena gestión del puerto de Ferrol, y todo lo que sea poner en duda la seriedad de una instalación tan importante, o discutir a destiempo lo que no se discutió a tiempo, es llenar de nubarrones el futuro de Ferrol. Y eso, además de a la Guardia Civil y a los mariscadores, debería interesarle mucho a los ciudadanos, empresarios y organizaciones sociales que juegan de forma inconsciente -por acción u omisión- a las falsas solidaridades. Porque un error de coyuntura, cometido hoy, puede extender hacia un largo futuro sus efectos negativos.