Ante la tele

OPINIÓN

| O |

09 jun 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

PARÍS es una ciudad hermosa. Los mercados, el Sacré Coeur, las escaleras mecánicas del Pompidou. Al visitarla se tiene la sensación de que se conoce desde lo alto del tacón de hierro de la torre Eiffel. No se necesita a Cortázar y su Rayuela para alucinar con la ciudad del amor. Y allí está el polvo de ladrillo de Roland Garros. La serbia Ivanovic lo dijo antes de ser pulverizada ayer en la final por Justine Henin. «El tenis es cada vez más físico y menos talento». Como tantas cosas en este mundo poligonal de computadoras. Ivanovic es un ejemplo de los tenistas clónicos que hay en el circuito. Tenistas de gimnasio que aprenden en academias los cuatro golpes esenciales y que, a base de fuerza física, triunfan. En las chicas es muy evidente. Sólo Justine Henin, con ese golpe de revés a una sola mano que es tan efectivo como la bofetada de Gilda a Glenn Ford, es distinta a las Sharapova, Vaidisova o Kutnesova. Por algo la llaman la Federer femenina. Hoy jugarán por el título masculino un artista y un gladiador. Federer usa la raqueta como un pincel. Y, desde el otro lado, le contestará Nadal, que golpea con una brocha venenosa. El tenis de Federer es tan hermoso como París. Aunque Nadal lo saque de la pista a base de piernas y yunque, a Federer siempre le quedará su elegancia insuperable para seguir en la historia del tenis. Y de París a Canadá. Sigo con los deportes que hoy nos inmovilizarán ante las teles. ¿Conocen algo más aburrido que una carrera de fórmula 1 salvo la salida y la última vuelta? ¿Cómo puede ser alucinante algo que tiene uno de sus grandes momentos en las mangueras del repostaje? Alucino con cómo los españoles nos hemos hechos expertos en las gomas de las ruedas en el suspiro de una vuelta. El ajedrez me parece más deporte que la fórmula 1. Pero que ganen los mejores. En Canadá y en París. cesar.casal@lavoz.es