Ríos fluorescentes

La Voz

OPINIÓN

LUÍS VENTOSO | O |

07 jun 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

LA VOZ publica cada día 224 páginas en sus cuadernillos locales. Son más de 80.000 cada año. En el futuro, si un erudito se dedica a estudiarlas, encontrará allí la auténtica intrahistoria de Galicia. Y entonces, entre otras cosas, detectaría que una gangrena sigilosa está laminando nuestra riqueza natural: casi no pasa semana sin que en alguna de esas páginas se informe de un vertido en algún río o regato. La mugre salpica toda Galicia. El río Lérez, en teoría en fase de regeneración, ha sufrido este año reiterados vertidos de gasóleo. En el Anllóns aparecieron peces muertos en varios kilómetros entre Cerceda y A Laracha. En el Sóñora, en Barbanza, las truchas ya han pasado a los álbumes de fotos. En el espacio protegido de As Gándaras de Budiño la grasa de hidrocarburos pringó cuatro hectáreas en febrero. En Chantada, el Asma recibió un torrente de aguas fecales. En Ordes, el río Cabrón, que bastante tiene ya el pobre con su nombre, no levanta cabeza, porque pasa a la vera de un polígono que a veces se alivia en él. En Sarriá algún desaprensivo vertió gasóleo agrícola al río. El Barbaña, en Ourense, apareció en abril cubierto de espuma. Son ejemplos de una lista inagotable, tomados de los seis primeros meses de este año. Galicia se ha vuelto rica y madura, pero continúa comportándose como una adolescente aturullada. El presidente anterior, que cimentó su largo mandato sobre una imagen de autoridad, ejerció en la práctica un gobierno más bien ácrata: las normas urbanística y de protección ecológica existían, pero se sobreentendía que nadie te iba a apretar mucho si te las fumabas. Un deber del nuevo Gobierno es eliminar esa mentalidad laxa. Noruega es opulenta e industrial, pero salvaguarda a tope su salud verde. Nosotros también podemos. Galicia es un privilegio. No una escombrera en la que cualquier pícaro arroja barato la roña que le sobra.