Primer deber, estudiar

| MANUEL-LUIS CASALDERREY |

OPINIÓN

LO DECÍA Ernesto Sánchez Pombo (Vaya día, 17-5) en un artículo con el que muchos estamos de acuerdo: el Día das Letras Galegas sirve para homenajear a figuras cada vez más discutibles (olvidándose de otras indiscutibles) y para facilitar la salida de gran parte de la gente del país. He de confesar que yo he sido uno de ellos. Pero no el único. En los lugares adonde he ido, me he encontrado con gallegos que disfrutaban del puente. Como consecuencia de esa breve escapada, he leído la prensa de otros lugares y me he enterado de que la Junta de Castilla-León «refuerza la autoridad de los profesores con una mayor disciplina en las aulas». Los profesores podrán aplicar, desde el próximo curso, medidas correctoras inmediatas, sin necesidad de esperar a la apertura de un expediente disciplinario, contra los alumnos que perturben el desarrollo de las clases. La norma prevé la participación de la familia en las medidas correctoras, con la idea de que los padres colaboren, en vez de enfrentarse a los profesores o al centro educativo. En el decreto de la Junta castellano-leonesa, los alumnos tienen tantos derechos (a una formación integral, a ser respetados, a ser evaluados objetivamente, a participar en la vida del centro¿) como deberes (estudiar, respetar a los demás, participar en las actividades del centro, contribuir a la mejora de la convivencia¿). El que más me ha gustado es el primer deber: estudiar. En eso precisamente consiste la profesión de estudiante. A veces, entre tanta retórica pedagógica al uso, se diluye la seña de identidad del estudiante: el que estudia. Si no lo hace, no puede considerarse tal. A ver si toman buena nota otras comunidades autónomas, entre ellas la de Galicia. Aquí, los profesores somos escasamente respetados, incluso por la propia Administración educativa.