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04 jun 2007 . Actualizado a las 07:00 h.Los estudiantes de Económicas y los miembros del Registro de Auditores tienen hoy una cita en el colegio de los Jesuitas de A Coruña. Allí se expondrá una nueva manera de entender la contabilidad, que supera los obsoletos conceptos de «pérdidas» y «ganancias». El pabellón jesuita es marco idóneo para una asamblea del Deportivo, porque lo que se les debe explicar a los accionistas roza la proeza ultraterrena. El misterio que toca desvelar es el siguiente: dado que durante 18 años el club ha declarado cada temporada un brillante superávit, ¿cómo es que al final arrastra una pequeña deuda de 24.000 millones de pesetas? El presidente aclarará la cuestión de forma detallada. En la misma línea de transparencia, explicará quiénes son los deudores que tienen que pagarle al club 118 millones de euros (¡19.500 millones de pesetas!) antes de que remate junio. Todos sabemos que tales deudores existen, pues la directiva es fiable y su auditor ha firmado unas cuentas en las que se recoge la grata noticia de que vamos a tapar este mes casi todo el agujero. Aun así, será reconfortante escuchar al presidente. Ya en faena, seguro que revela de dónde salen los 24,5 millones de «ingresos extraordinarios» de la pasada temporada. Hay quien dice que esa partida resulta extraña. Paparruchas: puede ser un cuponazo, o una donación de Bill Gates. Sin embargo, lo más probable es que el propio presidente haya aportado parte de su sueldo del 1% del presupuesto. En los minutos finales, se aguarda la aclaración sobre qué hacen en el Dépor los hijos del gestor y cuánto cobran. Como broche de oro, puede explicar por qué pagó 500 millones de pesetas por Changui, otros tantos por Manteca, casi 600 por Iván Pérez, mil por Loco Abreu o 1.800 por Toro Acuña. Al final, como siempre, brillarán el rigor y la verdad.