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30 may 2007 . Actualizado a las 07:00 h.EL delegado del Gobierno mejora en sus ratios de eficiencia. El segundo gasero que llegó a Galicia, el Mourad Didouche, no permaneció bloqueado dos días en la bocana de la ría de Ferrol, sino uno. Quizá el tercer buque que se aviste desde San Felipe pueda entrar en Reganosa a la primera, como en cualquier país normalizado en el que las fuerzas de seguridad velan para que se cumplan la ley y el orden. Una expresión en desuso, por cierto, porque quien la utiliza es enviado por la progresía al limbo del facherío sin necesidad de otras comprobaciones. Sin embargo, cuando quien debe no vela por la ley, los derechos de unos son pisoteados por los excesos de los otros, como bien saben los vigueses que soportaron las consecuencias de las huelgas del naval durante la campaña. El asalto de ayer de los mariscadores de Ferrol a la sede de la Autoridad Portuaria o, no hace tantos días, la irrupción en las oficinas de la Xunta en Vigo evidencian una permisividad que será perversa para el propio delegado del Gobierno. Ameijeiras comienza a meterse en una espiral de la que algún día tendrá que salir a golpe de porra y con un balance de heridos no deseado. Las concesiones a los manifestantes violentos amamantan la sensación general de que es más fácil que te metan en la cárcel por exceso de velocidad que por pisotear los derechos de los demás, sean ciudadanos o empresas. El PSOE no va a obtener beneficios porque su delegado del Gobierno contemporice ante la violencia de los cabecillas de protestas en formato de guerrilla urbana o marinera. Esa tajada en Ferrol ya se la llevó en las elecciones del domingo la líder de IU, Yolanda Díaz, quien si fuera coherente con su respaldo diario a los mariscadores debiera renunciar a gobernar en coalición con un alcalde del PSOE que sí quiere a los gaseros en la ría.