GOTA a gota se va agotando el largo ciclo. Baltar resiste al frente de la Diputación de Ourense y el PP regirá aún con mayoría absoluta dos tercios de los municipios de esa provincia, pero las mayorías de izquierda, en solitario o en coalición, gobernarán a más de la mitad de los ourensanos, concentrados en las dos docenas de concellos que controlarán. Con la capital al frente, donde el PP decidió renovar al único alcalde que consiguió encadenar tres mayorías absolutas y los ciudadanos respondieron otorgando la llave de la alcaldía a los socialistas. Sin vuelcos espectaculares se va agotando el modelo vigente desde la transición. UCD fue entonces la fuerza hegemónica hasta que, tras su naufragio del 82, Franqueira articuló en torno a Coalición Galega una novedosa alternativa, que su enfermedad no le permitió consolidar, propiciando la escisión que acabó con la mayor parte de los restos del centrismo en las filas del PP. Un elevado número de pequeños concellos rurales no han conocido aún la alternancia en el poder en los 30 años transcurridos desde la restauración de la democracia, como tampoco la ha conocido la menguante diputación provincial, que Baltar heredó de Victorino Núñez y que no ha conseguido en tres décadas sacar a la provincia de los últimos puestos en las listas del desarrollo. A las puertas de la jubilación, Baltar asiste a la lenta extinción del largo ciclo, que ha sido posible por la no menos lenta articulación de una oposición que no logró hasta ahora construir una alternativa sólida a la tupida malla del poder tradicional, más centrado en su propia conservación que en impulsar el futuro de la provincia.