LA ROSA es sin porqué, dijo Ángelus Silesius. La rosa eres tú, ciudadano: no hay más porqués que tu libertad. Ayer pensé en ti como quien piensa en las olas del mar, que vienen y van a ninguna parte. Llovió en algún lugar pero no llovió en tus ojos, tan sinceros, envueltos en la urna que dicta y sentencia. Me tumbo en el lecho de ayer, que no fue un domingo como otro cualquiera. Lo pasé entre rosas y alfileres, contemplando los rostros de los unos y de los otros. Y tu libertad, ciudadano. No se me va de la cabeza, o de la cerveza, no sé. El Pepé no sale victorioso de esta contienda, porque las ciudades mandan. El Pesoe, sí. Pero yo te recuerdo, ciudadano, como si fueses la Amanda de la canción de Víctor Jara. Y recuerdo todas las promesas como el canto de las sirenas de Ulises, aquel son malévolo que enloquecía a quien lo escuchase. Por eso no sé muy bien si esta crónica se refiere a ayer o a toda la campaña. Y no sé si escribir de ellos, los que nos mandan y administran. A mí me gusta escribir de nosotros, o sea, de ti y de mí. De ti, ciudadano, tan oculto como el destino. Tú, como yo, lees el periódico procurando que la vida no se pierda. Yo escribo esta columna como Borges y Homero, entre tinieblas, porque me ha dejado ciego el domingo de Municipales. Escribo para que me lean, incluso la clase política. Pero la clase política, a la que le ha faltado clase en esta campaña, ya sólo lee y medita los resultados: entre rosas y alfileres. La cosa cambia en algunos lugares. Pero el Pepé, sin ciudades, cae. A Alberto se lo he dicho durante la campaña: o cambias de rumbo y te pones a negociar, o no ganas la partida. Pero ni caso. Por lo tanto, gana Emilio Pérez Touriño. Hoy, como hablo de ayer, tal vez me lean los políticos. Ellos van a los suyo y tú y yo a lo nuestro. A quedarnos aquí metidos, esperando por nadie y por nada. La esperanza yo la he dejado en el pasado, como los buenos momentos. Los recuerdo ahora. Recordar me hace mejor de lo que soy. Y eso me alegra. No todo está perdido, a pesar de las rosas y de los alfileres. A pesar de la chica o el chico de ayer, que no será como te prometió. Pero será tu alcalde, ciudadano. Y durante los próximos cuatro años condicionará tu barrio, tu pueblo, tu vida. La rosa es sin porqué, dijo Ángelus Silesius. Sobre los alfileres aún no se ha pronunciado una sentencia tan lúcida. La vida, como las municipales del 2007, corre siempre apretada: entre rosas y alfileres...