CUANDO se reciben noticias de lo que está sucediendo en el Líbano, pero también en Palestina, al igual que en Afganistán o Irak; cuando parecía que existían posibilidades de alcanzar acuerdos entre las partes en conflicto para dejar que los gobernantes gobiernen, los niños vayan a la escuela y los viejos tomen el sol, entonces salta de nuevo el fervor del odio acumulado largo tiempo y se destapa el ansia de morir matando. Los palestinos de Hamás lanzan cohetes sanguinarios que aterrorizan a ciudadanos israelíes de una ciudad próxima a Gaza; los milicianos atacan un convoy militar libanés y se atrincheran en un campo de refugiados palestinos; los talibanes afganos combaten a las tropas nacionales y extranjeras que tratan de ayudar a que Afganistán se recupere de su atraso medieval; en Irak continúa la masacre de víctimas producidas por los suicidas que mueren sin que su sacrificio sirva para nada más que causar daños a la población civil. Por mucho que se proclame la paz durante estos años, parece que sirve de poco. ¿A qué viene ahora descubrir que el sangriento conflicto civil del Líbano está provocado por muyahidines de distintos países islámicos que han dejado Irak y buscan un nuevo territorio para luchar? ¿Por qué los milicianos de Hamás están provocando la respuesta airada del Ejército israelí, cuando son ellos los que tienen el poder en Palestina? Al mismo tiempo, en Afganistán e Irak continúan los combates de una guerra, de montaña y urbana según el caso, pero que siempre afecta a la población. Estos intentos de provocar la guerra civil en el Líbano y en Palestina hacen pensar que quienes están empeñados en practicar ese tipo de lucha sin fin no atienden a razones, porque la máxima estratégica de que no se debe emprender una guerra que no se pueda ganar no va con ellos. Por eso hay que pensar que en Oriente Medio no quieren la paz. La semana pasada se reunió en Jordania el Foro Económico Mundial. Pues bien, el rey Abdalá pidió dinero a los mil empresarios y políticos, justificando que lo que se necesita en Oriente Medio es un plan de inversiones para remediar la pobreza de esta región. En Palestina, tres de cada cinco personas están sin trabajo.