LAS PREGUNTAS son: 1) ¿Se producirá mañana un vuelco electoral? 2) ¿Verá el señor Rajoy cumplido su sueño de ganarle por primera vez a Zapatero y encarrilarse así hacia el palacio de la Moncloa? Y 3) ¿Conseguirá Zapatero transformar unas urnas locales en un plebiscito a su política? Son tres interrogantes que empezarán a tener respuesta a partir de las ocho de la tarde de mañana. Antes, sólo se puede aventurar un pronóstico: no habrá un cambio espectacular de mapa político. Y además, según la experiencia de las dos últimas consultas municipales, no hay margen para grandes conmociones. Medidas las urnas en número de votos, la situación es siempre de empate técnico: en 1999 ganó el PP con una diferencia de 30.000 votos, a pesar de que Aznar estaba en un excelente momento y a punto de ser premiado con la mayoría absoluta. En el 2003, ganó el PSOE con una diferencia de 160.000 votos, a pesar de que la consigna comúnmente aceptada era aquella del «España va bien». Para vuelco-vuelco, el de 1995, cuando el PP le sacó al PSOE dos millones de votos y le arrebató todas las ciudades de más de doscientos mil habitantes y 49 capitales de provincia. Pero ésa es historia pasada, y el voto hoy está mucho más asentado. La diferencia entre ambos partidos puede ser mayor que en las últimas elecciones -ignoro a favor de quién-, puede provocar cambios en ciudades emblemáticas, pero no es probable un gran giro. ¿Saben dónde creo que se juega la victoria por número de votos? En Madrid. Primero, porque Madrid tiene el censo más alto. Segundo, porque el electorado socialista está desencantado y, por tanto, poco motivado para dar su apoyo a un candidato tan sobrevenido como el señor Sebastián y sus corulladas. Tercero, porque el público conservador está al revés: encantado con su Espe, su Gallardón y su Ana Botella y tiene ensayados sus palos a Zapatero en la orgía de manifestaciones de este curso. Y cuarto, porque es la comunidad más crítica con el actual presidente del Gobierno. Sumados estos factores, ¿qué son los últimos 160.000 votos de diferencia para una ciudad y una comunidad tan pobladas? Nada. Basta que Gallardón suba un poco su apoyo, y Sebastián pierda algo del que tiene. Por eso, la gran batalla se dirime en Madrid. En el resto serán batallas importantes, pero secundarias. Madrid será el campo de Marte que le puede ayudar a Mariano Rajoy a ganar la guerra. Y mucho tiene que compensar el resto de España para impedirlo. Si, a pesar de Madrid, el PSOE obtuviera mayor número de votos en el conjunto de España, entonces ZP estaría más fuerte de lo que mañana por la noche dirá el señor Rajoy. Pero esto es hablar por hablar. Lo que está escrito en las urnas nadie lo puede saber.