QUIZÁ debería haber elecciones cada seis meses. De este modo se podría asegurar casi con total seguridad que en el año 2012 el AVE Galicia-Madrid estaría rodando. Porque es cierto que este proyecto, siempre demorado, recibe un impulso cada vez que se aproxima una cita electoral. Por ello, cabe esperar que antes de las próximas legislativas, previstas para el año próximo, aún haya nuevos compromisos destinados a apuntalar lo prometido. Pero, ¿qué pasará después, sin nuevas elecciones hasta las municipales de 2011? Nos quedan, eso sí, las gallegas, que probablemente también estarán precedidas por nuevos estímulos en la consolidación de la alta velocidad. Y así iremos avanzando, a trancas y barrancas, hasta la superación de la última demora. Seremos los últimos en disponer del AVE, esto ya no tiene remedio, pero al menos que se sepa que esos retrasos no gozan de la complacencia ciudadana. Los gallegos ya sabemos lo mucho que han ganado otros que disponen del AVE hace quince años (la ministra de Fomento y el ex ministro Borrell lo explicaron admirablemente en recientes declaraciones públicas) y lo mucho que estamos perdiendo nosotros, los últimos de la fila, los menos favorecidos por esa gran política de cohesión territorial. No se trata de caer en el pérfido juego de pedir lo que no nos corresponde o le corresponde a otro en mayor grado. Nada hay que objetar a las líneas de alta velocidad de Barcelona, Valencia, Málaga u otras partes de España. Lo que clama al cielo es que todas se justifiquen en atención a la necesidad de vertebrar y cohesionar el Estado y evitar graves descuelgues territoriales. En esta tesis tienen su justificación las preguntas más concluyentes: ¿Dónde cree la ministra de Fomento que queda Galicia? ¿Ha mirado el mapa? ¿Ha observado que, en una España volcada hacia Europa, nuestra comunidad es ultraperiférica? Si el argumento es político -y la cohesión es una opción política y un mandato constitucional-, no se justifica la demora del AVE destinado a acercar Galicia al resto de España y Europa. La teoría de la cohesión obliga por igual a hacer la alta velocidad Andalucía-Madrid y Galicia-Madrid. Lo contrario es un engaño inadmisible .