La derrota


AÚN NO sabemos quienes van a gobernar los ayuntamientos,  mas podemos estar seguros de que después del 27 de mayo estaremos peor que antes. Porque se habrá consumado la participación en las urnas de quienes hicieron de la violencia unilateral el arma de su acción publica. En otros lugares de España no se votará en libertad. Será la consagración objetiva de la insolidaridad entre pueblos, personas y municipios de este adormecido país. Un panorama triste, porque, como diría V. Jankélévitch, la evidencia de la vergüenza todavía no es evidente para todos.Habrá concejales y alcaldes en España elegidos por haber menospreciado la condición humana de los demás, por utilizarlos como instrumentos para sus delirios de ingeniería social, para cambiar su vida a costa de la muerte y el dolor de otros.  Que se financiarán vía impuestos obligatorios salidos también de los bolsillos del entorno de sus víctimas,  que podrán utilizar las instituciones teóricamente democráticas y cívicas para continuar su proyecto de futuro unidireccional, sectario y excluyente. El filósofo Fernando Savater ha pedido coherencia electoral ante quienes han permitido la derrota de la dignidad. No quiere ser un artista al uso de los que a cambio de reconocimientos y halagos renuncian al honor y el coraje imprescindibles en estos momentos de encrucijada nacional. Son tiempos para demostrar que la gran mayoría todavía es una ciudadanía libre,  que tantas derrotas pasadas no han esquilmado los resortes de la lucidez, de la capacidad de ver las cosas tal como son, no como nos quisieran hacer verlas. Poco importa una obra, un asfaltado, un cableado, un raíl, una fachada urbana, un centro para matar la inanidad del tiempo, una subvención o una feria de vanidades locales. Sólo cuenta lo que es cada ciudadano como tal y la sociedad como agregado fecundo de personas conscientes, valientes, dignas y libres.  Sobre estos pilares, todo es posible; sin ellos todo se torna en farsa y apariencia, un simulacro de progreso y democracia. Un país es mucho más que su población, su PIB, sus electores, su mercado y su esqueleto institucional formal. Ante todo es voluntad de convivencia, principios y valores para las relaciones sociales; grupo cohesionado por la solidaridad con los que sufren persecución a causa de las violencias física y simbólica- que subyacen en todo colectivo humano.  Pero hoy lo esencial está fallando. El día de la votación recontaremos la dimensión concreta de la magnitud de la derrota.

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