Problemas del siglo VII

LUÍS VENTOSO

OPINIÓN

28 abr 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

A COMIENZOS del 2006, el mundo islámico se hallaba soliviantado por las doce caricaturas de Mahoma del periódico danés Jyllands-Posten . Los dibujos, ciertamente ofensivos para su credo, fueron reproducidos también en la prensa noruega. Los líderes religiosos musulmanes animaron a manifestarse contra el agravio. Los productos escandinavos fueron boicoteados. Sus embajadas, acosadas y apedreadas. El 3 de febrero del 2006, la UE calificó las viñetas de «inaceptables». Dos días después, un chaval de 19 años mataba a tiros en Turquía a Andrea Santoro, un cura católico de 61 años que rezaba en su iglesia. El pistolero dijo que su móvil fue la ira por las caricaturas. Los líderes religiosos islámicos, tan activos frente a las ofensas de papel, pasaron de puntillas por el asesinato de Santoro. También callaron hace una semana, cuando un editor de biblias protestante fue degollado por integristas en Turquía. Muy pocos occidentales han leído los 114 capítulos (suras) del Corán, uno de los monumentos religiosos, intelectuales y hasta poéticos de la humanidad. Pero es seguro que el gran profeta del siglo VII, que reconocía a Jesús como antecesor y dedicó palabras fraternales a judíos y cristianos («los pueblos del Libro»), pondría el no matarás por delante del no insultarás. El Corán dice expresamente que uno de los mayores pecados que puede cometer un ser humano es matar a un inocente. Es de suponer que Mahoma sería más duro con un asesino que con un dibujante pasado de rosca. Aunque Estados Unidos e Israel siguen cometiendo barbaridades inexcusables en sus territorios (asesinatos selectivos, los mal llamados «daños colaterales», las torturas...), el mundo musulmán debería ir haciendo también autocrítica. Quizá le sentaría bien releer el Corán sin la mirada velada por exegetas extremistas. ¿Tiene la culpa Occidente de la postergación de la mujer en los países árabes? ¿Es culpable de que las infinitas riquezas del petróleo se las apalanquen los sátrapas? ¿Es responsable el mundo cristiano de que ninguno de esos países sea capaz de armar un régimen de libertades y derechos humanos? ¿Es Occidente la causa de la despiadada carnicería en Irak entre suníes y chiíes, que siendo un mismo pueblo se aniquilan con crueldad extrema por una disputa teológica de hace ¡14 siglos!? El quid de todo radica en que en el islam no hay una distinción entre lo sagrado y el ámbito civil. Hoy, la esperanza de idear una salida se cifra en los 14 millones de musulmanes afincados ya en Europa. Ellos tendrán que decidir si unas normas pensadas para vivir en el desierto del siglo VII son válidas para regular la vida civil del siglo XXI.