LUÍS VENTOSO
12 abr 2007 . Actualizado a las 07:00 h.VOLVER a la queja del AVE que no llega puede parecer cansino. Pero es imprescindible cuando se repara en la esencia del problema, que hablando en confianza puede resumirse así: el Estado nos está tomando el pelo a los gallegos con el tren. Ayer el día amaneció con una entrevista de la ministra de Fomento en la Ser. Una vez aclarados todos los asuntos relacionados con Cataluña, el presentador tuvo el buen detalle de preguntarle a Magdalena Álvarez sobre cómo iba el AVE al Noroeste, es decir, el gallego. La ministra despejó el balón con un chascarrillo, se desentendió de esa ruta y acto seguido remachó lo siguiente: «Este año, 17 capitales de provincia españolas estarán conectadas por AVE». Continuando con las buenas noticias, Álvarez anunció con euforia que «el próximo 7 de mayo el AVE llegará a Tarragona a 300 kilómetros por hora». Huelga decir que ninguna de las 17 capitales que tendrán AVE este año es gallega, aunque Galicia es la quinta comunidad con más población de España. Y sobra comentar que hablar de trenes a 300 volando por Galicia es una utopía a día de hoy. La realidad es que el Estado ha dado prioridad a Andalucía, porque es el primer granero de votos, y a la España que más pita, el eje de progreso entre Madrid, Aragón, Cataluña y Valencia. Había otra opción: un Gobierno solidario que tratase de reequilibrar el territorio poniendo al Noroeste -disculpen la expresión- por una vez en ventaja frente al resto del Estado, como se hizo con Andalucía en 1992. No ha sido así. Y aquí andamos, a vueltas con la esotérica mina de Serrabal, con la electrificación, con el ya mítico tramo Lubián-Ourense y su psicodélico retraso... Un folletín que ya sólo encubre lo de siempre: hemos perdido otra vez el tren y no hemos tenido una clase política capaz de defenderlo unida y en serio.