¿De quién es Ermua?

OPINIÓN

ERMUA ES del ciudadano. Allí nació el espíritu de la ciudadanía vasca ante el concepto nacionalista, excluyente y exclusivo, de pueblo vasco con derechos históricos a imponer mediante la lucha armada en la que se elimina al disidente. Estuve en las calles de Ermua el día que llegó el cuerpo sin vida de Miguel Ángel. Vi a las gentes echarse a las calles llorando de rabia y gritando «¡basta ya!». Los políticos éramos simples marionetas que las gentes ponían delante de las pancartas. Todo aquello era espontaneidad salida del alma paisana herida en lo más profundo por muchos años de dictadura del miedo. Ermua fue del pueblo harto de pasar miedo y tragarse la dignidad ante unos matones. Lo que allí pasó y se extendió como una mancha de aceite tenía una consigna: unidad frente al terrorismo y la cultura que lo sustenta. Después, en febrero del 98, constituimos el llamado Foro de Ermua. En el acto fundacional del hotel Ercilla, de Bilbao, compartí mesa con dirigentes del PP, PSE, PC, EE y UA. Los símbolos de aquel movimiento ciudadano fueron un faro y una margarita, de Ibarrola. Pero desde el Ministerio del Interior el señor Oreja tuvo la tentación de hacerse con el movimiento ciudadano de Ermua y lo trasladó en manifestación a Madrid, comenzando así un proceso de ocupación y manipulación política del espíritu libre con el que había nacido en Ermua. Poco a poco el PP fue incordiando a las personas que no éramos de los suyos y teníamos nuestra propia visión del problema. Pero en Álava, la sede del Foro de Ermua fue durante mucho tiempo la sede de UA, que pagaba una buena parte de los gastos de la organización. Los actuales dirigentes del Foro de Ermua siguen los dicterios del PP. Lo saben ellos y todo el mundo. De ahí la reacción de Carlos Totorika, alcalde emblemático de Ermua, que la noche de la llegada del cuerpo de Blanco evitó que se linchara a los batasunos y fue durante mucho tiempo el alcalde que daba cuerpo a la dignidad de una comunidad mixta, formada por gentes de las más diferentes condiciones que residían en Ermua. Me da pena ver cómo está lo de Ermua. Cómo se ha pedido que no se emplee el nombre de la última villa de Vizcaya, antes de entrar en Éibar, por ser el foro un instrumento al servicio de un credo político en confrontación con todos los demás. Y, desde luego, nada que ver con aquel espíritu de libertad espontánea que salió a las calles del verano de 1997.