Brasil en el horizonte


A COMIENZOS del siglo XVI, el portugués Pedro Álvares Cabral cruzó el Atlántico sur para llegar a una inhóspita tierra que bautizó como Tierra de la Vera Cruz. En nombre del rey Manuel I de Portugal, Cabral tomó posesión de unas tierras con un único interés, la madera de brasil -árbol cuya corteza proporcionaba un apreciado tinte-, que finalmente daría nombre al territorio.En siglos posteriores, Brasil brilló por su riqueza como primer productor mundial de caña de azúcar en Bahía y Pernambuco con el tráfico de esclavos negros africanos. Los bandeirantes (mezcla de aventureros y colonizadores) descubrieron abundante oro y piedras preciosas en Minas Gerais, que exportaban desde Paratí. El café sucedió al lento declive de la extracción aurífera, y los primeros en enriquecerse fueron los fazendeiros de Río de Janeiro. El caucho se constituyó en su segunda materia prima y surgieron florecientes poblaciones en medio del Amazonas, como Manaos. Su capital Brasilia, proyectada por el arquitecto Niemeyer en los cincuenta, reflejaba la modernidad y el apogeo del país, pero la posterior inestabilidad política, la lacra de la corrupción, sumada a la invasión de favelas, auténticos guetos de droga, armas y analfabetismo, provocaron las mayores desigualdades en distribución de riqueza del mundo. Hoy Brasil, con 180 millones de habitantes, población mestiza y multirracial, no sólo vive ya de fútbol, samba y carnaval. La pujanza de estados como São Paulo, con cuarenta millones de habitantes y un PIB superior al de toda Argentina, sitúan al país a la cabeza del cono sur latinoamericano. Su desarrollo tecnológico espacial, farmacéutico o automovilístico, y su capacidad de fabricar carburantes alternativos al petróleo, como alcohol o derivados de caña de azúcar, hacen que sea uno de los BRIC (países de rápido crecimiento) de más futuro. Posiblemente este último aspecto haya llevado al presidente de la Xunta a entrevistarse recientemente con su homónimo brasileño Lula, con una agenda basada en recabar información de la experiencia canarinha en producción de energías renovables (biodiésel y bioetanol), nanotecnología o pesca. Si la ex metrópoli -Portugal- es vista desde Brasil como algo casi insignificante, imagínense Galicia (sólo la favela Rosinha, en Río, tiene más habitantes que Santiago, y la ciudad carioca triplica la población gallega). La iniciativa de Touriño parece acertada como toma de contacto, pero es necesario tender nuevos puentes empresariales de futuro. Quizás por eso, Touriño ha entonado el «Oh, balancê, balancê, quero dançar com você...», en busca de un Belo Horizonte .

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