Cuatro años

CÉSAR CASAL GONZÁLEZ CESAR.CASAL@LAVOZ.ES

OPINIÓN

23 mar 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

ES una guerra. Incivil, como todas. Irak está ocupado por tropas extranjeras. Es una guerra de todos contra todos. Al Qaida, milicias chiíes, kurdos... Es difícil calcular el número de muertos. Se manejan cifras como 58.000 civiles cadáver desde que hace cuatro años comenzó el disparate. Lo lógico es que sean muchos más. Algunos muy cercanos a nosotros, como el gallego José Couso, el cámara de televisión que fue ejecutado por un blindado de las tropas norteamericanas en la toma de Bagdad. También el periodista Anguita. Los dos por su pecado de contar lo que pasaba. Dos millones de iraquíes se han ido del país. 1,8 millones se desplazaron en el propio territorio. Hay mil hombres, mujeres y niños que cada día hacen sus maletas para huir de la violencia. Son datos del Alto Comité para refugiados de las Naciones Unidas. Si hay sólo un infierno en la tierra hoy, es Irak (por desgracia, hay más, África, prostitución infantil, miseria...). Sobre todo su capital y la provincia de Diyala. La presidencia títere dice que también hay mejoras. Que hay que pensar que Irak está en la edad de piedra, pero que saldrá adelante. Mientras corre la sangre y el humo de las bombas niebla los ojos. Otra vez, en todo el mundo, hubo concentraciones. Gargantas irritadas gritaron desesperadas contra la ocupación. No hay peor sordo que el que no quiere escuchar. Y Bush no escucha. El trío de las Azores, qué ironía, de las Azores siempre pensamos en Galicia que venían los anticiclones, es culpable de haber puesto en marcha una maquinaria que sólo sirve para matar. Ayer el Congreso en Estados Unidos pidió que las tropas vuelvan a casa. Más de tres mil soldados norteamericanos ya lo hicieron en féretros forrados con la bandera de las barras y las estrellas. ¿Por la libertad? ¿De quién? Y ¿para qué?