¿Por fin hacia dos Estados?

OPINIÓN

HACE pocos días, la ministra israelí de Asuntos Exteriores, Tzipi Livni, reconoció públicamente que Israel estaría dispuesto a aceptar la existencia de dos Estados nacionales, uno judío y otro palestino, siempre y cuando se cumpliera la condición -sine qua non- del total abandono de las actividades terroristas por parte de los palestinos. Un paso adelante que coincide temporalmente con los esfuerzos palestinos por frenar la guerra civil en los territorios ocupados. El Gobierno de unidad nacional pactado entre Al Fatah y Hamás, con la inclusión de ministros no vinculados a ninguno de los dos grupos políticos, ya aprobado por el Parlamento palestino, inicia su andadura en un ambiente mezcla de esperanzado optimismo y pesimismo realista. La rivalidad entre Al Fatah y Hamás, trasladada a violentos enfrentamientos en la calle que no han cesado hasta la fecha, apenas sí ha sido superada por Abu Mazem e Ismail Haniya a la hora de perfilar al Ejecutivo. Y es que, si bien el hecho de haber llegado a un acuerdo, ya es altamente positivo, la experiencia indica lo poco fiables que son los pactos entre palestinos y la discrepancia de intereses en juego. Por si ello fuera poco, la tarea de controlar a todos los grupos armados e integrarlos en las fuerzas de seguridad a través del Consejo de Seguridad Nacional, encomienda principal del futuro nuevo Gobierno, no parece nada fácil, a pesar de ser clave para acabar con la violencia y garantizar la estabilidad del Ejecutivo. La satisfacción de Abu Mazem y Haniya contrasta con las declaraciones de los portavoces del Gobierno judío sobre que la aparente independencia de algunos candidatos no es real, y que, muy al contrario, se consolida la supremacía de Hamás en el Ejecutivo, cuestión que, inicialmente, dificulta cualquier posible intento de acercamiento con Israel. El futuro ministro de Asuntos Sociales, Mohamed Barghoutti, ha contradicho esta reticencia alegando que Hamás, al haber contribuido a formar el nuevo Gobierno, acabará por integrarse en la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y, por ello, aceptando la existencia de Israel. Mientras se dilucida quién tiene razón, la Unión Europea, cansada de tantos fracasos, observa sin pronunciarse los nuevos avances hacia la constitución de dos Estados.