Aracataca no es Mondoñedo

| EDUARDO CHAMORRO |

OPINIÓN

PARECE estar muy claro que Álvaro Cunqueiro no necesita aquella casa de Mondoñedo desde la que vio la fuente que fue lo primero que vieron sus ojos y desde la que contó el mundo. Más la necesitamos todos aquellos a quienes nos hubiera gustado contar con una casa del escritor mindoniense tan bien puesta como, por ejemplo, la de Vicente Risco en Allariz. Pero no va a ser así. El Ayuntamiento, que habría podido hacerse con ella, no contaba con unos presupuestos tan saneados como hubiera sido imprescindible para afrontar la empresa. Y, al fin y al cabo, un muerto siempre puede volver por donde anduvo sin necesidad de que nadie apenque con la compra de su más antiguo paradero. No es ese el caso de Gabriel García Márquez. Cunqueiro era un hombre encorbatado, enchaquetado, más bien gordo, calvo, con gafas, más bien feo. No es que García Márquez sea guapo o que deje de serlo al gusto de la cumbia y del gaviero. Es que tiene un mejor prestigio entre los suyos, incluso sin haberse muerto. El Nobel de Literatura es una cuestión aparte y circunstancial. Fuera de El coronel no tiene quien le escriba, que es un relato genial, García Márquez no tiene un libro que aguante una segunda lectura, a diferencia de Cunqueiro, que la aguanta muy bien hasta en sus ensayos y artículos periodísticos más ceñidos a la realidad, si es que la realidad existió alguna vez con un rasgo dominante sobre la voluntad de aquel hombre. Cunqueiro siempre hizo lo que le dio la gana, y quizá eso bastó para que no le dieran el Nobel, un inconveniente biográfico que él convalidó inventándose un Pulitzer. Dominaba la ciencia dificilísima de convertir las tomaduras de pelo en auténticas obras de arte. Y esa es una destreza que se paga si se vive, como vivió Cunqueiro, en un tiempo y un lugar que exigían el rigor y la severidad del picaporte. Pero si le hubieran dado el Nobel, ahora el Ayuntamiento le compraría la casa, al igual que el Gobierno colombiano ha decidido invertir 400.000 euros en la reconstrucción de la casa natal de García Márquez en Aracataca. Lo notable es que García Márquez podría arreglar su casa natal con sus propios cuartos. Está vivo y no parece que le falten los medios de evitar al Gobierno colombiano un gasto que, probablemente, podría aplicar a otras apreturas más acuciantes, o a la compra de la casa de Cunqueiro.