TOURIÑO llegó a Ferrol deprisa y corriendo por una autopista que se inauguró con diez años de retraso y sólo después de que un barco tronzase el puente de As Pías. Es difícil, a estas alturas, ir a Ferrol a anunciar otro plan de reindustrializadión de la comarca. No es fácil convencer a una ciudad a punto de ser vencida por el escepticismo de que éste es el bueno. Resulta aún más complicado si el prólogo de la nueva edición dice que la base del relanzamiento está en la liberación de doscientos mil metros cuadrados de los que están ociosos en Astano. Un preámbulo que en la práctica quiere decir que se da carpetazo a la posibilidad de que el astillero vuelva a la construcción naval civil. Porque esos terrenos ya fueron cedidos a finales de los ochenta a la Sociedad Italiana del Vidrio. Iba a ser la palanca del despegue y se quedó en el tocomocho de unos espabilados que quisieron vivir bien a cuenta de los incentivos para la reindustrialización. Produce cierta decepción que el presidente de la Xunta viaje a toda prisa a Ferrol para anunciar una inversión de 1.164 millones ya comprometida antes y dentro de un programa que suena a improvisación. El enésimo plan para superar el hachazo de la reconversión está lleno de buenas intenciones pero carece del aval de la concreción. Hay hastío en la ciudad.