El túnel del tiempo

| CARLOS G. REIGOSA |

OPINIÓN

08 mar 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

ACERTÓ Diego López Garrido, portavoz socialista en el Congreso, al augurar que nuestra política lleva camino de entrar en el túnel del tiempo. Y por si nos quedase alguna duda sobre lo que quería decir, nos ilustraron el martes a la perfección el presidente Zapatero, desde Rabat, y el portavoz popular Eduardo Zaplana, desde Madrid. Ninguna duda sobre lo que se avecina. Nada más fácil que ver en qué consiste. El presidente Zapatero dijo en Marruecos que «muchas de las cosas que se han hecho en política penitenciaria ni siquiera se han conocido, pero se van a conocer», y ha cumplido su promesa el miércoles en el Senado. Al parecer, esto era necesario para hacer frente a la «hipocresía» del PP. Y el próximo martes, en la comparecencia ante el Congreso del ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, habrá más de lo mismo. En respuesta al anuncio de Zapatero, Eduardo Zaplana aseguró que los populares están «encantados» de que se pueda debatir en el Congreso sobre la política antiterrorista de «todos» los Gobiernos, incluyendo la de los socialistas antes de 1996, con el GAL y demás suculencias encima de la mesa... ¿Alguien puede negar que estamos ante un auténtico túnel del tiempo? Los hechos son contundentes. España va bien, pero sus políticos se empeñan en dirimir no el futuro, sino el pasado, invitándonos a enfangarnos en él. De seguir así, no se descarta que nos remontemos al oso que mató a Favila y que, según Camilo José Cela, fue el primer socialista de la historia de España. ¿Es un peloteo suicida? No, no da para tanto la cosa, ni aciertan quienes ven en ello secuelas de belicismos pasados. Es sólo un debate deprimente que ensucia uno de los momentos más brillantes de España. Por ello, la culpa de nuestros políticos es doble: por lo que nos hacen ver y por lo que no nos dejan percibir. A base de querer excluirse mutuamente, el PSOE y el PP se han enzarzado en una pelea desnortada. Y aunque día a día constatan la necesidad de aproximarse y entenderse para salvar los escollos que surgen, cada vez se alejan y se enfrentan más. Y ya son muchos lo que no saben de quién es la culpa. Pero eso sí: sabemos que todo irá a peor. No se esperan sorpresas.