La vía House

La Voz

OPINIÓN

LUÍS VENTOSO

01 mar 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

TRAS siglos en los que lo socialmente valioso era ser agradable, ahora la bordería se ha convertido en una inesperada plataforma para el éxito. Varios personajes públicos que arrasan basan su éxito en las malas formas, el quiebro chuleta, la ironía salvaje y hasta el insulto a bocajarro. En la vida real, un médico que machacase a sus enfermos con unas impertinencias del grosor de las del doctor House saldría a juicio por semana. Pero todos asistimos fascinados y risueños al festival de desplantes cáusticos del galeno televisivo, que se fuma el juramento hipocrático en cada capítulo de la serie. Con mayor o menor garbo, el modelo House ha sido adoptado también por triunfadores de carne y hueso. Fue el caso de Risto Mejide, aquel jurado del karaoke que cobró celebridad por dejar secos a los concursantes pipiolos con unos dardos dialécticos de hilarante curare. El locutor que ocupa actualmente el púlpito de la derecha radiofónica también ha ido creciendo en audiencia a lomos de la provocación y el adjetivo faltón. Le sobra cerebro, pero prefiere la lamentable pirotecnia fallera del insulto. Visto el éxito de la vía House, el último en sumarse ha sido otro hombre de barba rala y entrecana: Mariano Rajoy. Pero sus esfuerzos por zambullirse en el arte de la dialéctica insolente resultan algo patosos y sacan a la luz las limitaciones del método borde. El natural de Mariano es la buena educación. Resultado: le sale un House impostado, y lo que es peor, sin el consuelo del ingenio burbujeante, un talento que expía las culpas del médico, el locutor y el jurado televisivo. A Mariano el epíteto denigrante es un traje que le queda apretado. Sus amigos deberían sugerirle que vuelva a su agradable esencia genuina, a la buena educación. Es dudoso que la vía del vinagre y el apocalipsis diario conduzca a La Moncloa.