DE JUANA es un asesino que lo tiene claro: libertad o muerte por inanición. Para ello está dando todo un espectáculo de cómo se hace una huelga de hambre hasta sus últimas consecuencias. Y ha conseguido más atención que cuando fue juzgado y sentenciado por sus crímenes, y que hasta los de su entorno, que no le pueden ver, le tomen como icono referente de propaganda y agitación. ¿Vamos a dejar que se salga con la suya? Ésta es la cuestión a debate público que ocupa todos los espacios: calles, tertulias, medios de comunicación, parlamentos, foros de la justicia. Para las víctimas del terrorismo, su muerte sería un símbolo de fortaleza de aquello tan manido de «quien la hace, que la pague», y así sirva de escarmiento a otros dispuestos a seguir la ruta de la presión al Estado para salir de la cárcel. Para la izquierda aberzale, un instrumento para llamar la atención por el mundo a favor de sus pretensiones, señalando y probando que en España hay presos políticos, ya que no se puede explicar de otra forma el trato que recibe este sujeto, que ha cumplido la parte de la pena que le corresponde en régimen de interno. ¿Y si se muere?, ¡mejor! Habrá un motivo más de unidad en un momento en el que se sabe de la disidencia entre sectores batasuno-etarras. Hay mucho de venganza en esta historia interminable. Y puede que sea humana, dadas las características del personaje y su mundo ruin y sanguinario. Pero el Estado de derecho no puede tolerar la venganza, como no puede consentir que este sujeto se suicide impúdicamente para regocijo de los sectores más radicales de uno y otro lado del conflicto vasco. Tengo miedo de que cada vez sean más los que desean la muerte del etarra y tengan previsto qué hacer y cómo utilizar el hecho al día siguiente. Me da asco que un asesino que me tuvo en su lista se salga con la suya y vuelva a sonreír. Pero me inquieta perder la razón del derecho que protege a todos, incluidos los asesinos sin propósito de enmienda. En cuestiones como ésta, los partidos políticos deberían buscar el acuerdo, para no escandalizar al paisanaje, para no sentar precedentes de gravísimas consecuencias, para no hacer electoralismo con la muerte. Hecho de menos algún trabajo de la organización médica colegial sobre cómo debe ser tratado y en qué régimen un preso cuya salud se deteriora por la huelga de hambre, y cómo actúa en su pronóstico el régimen carcelario.