La gran oportunidad

| PABLO MOSQUERA |

OPINIÓN

BARCO en peligro. Carga conflictiva. La Santa Compaña de la mar reaparece con la procesión de ánimas del Prestige . Es como si el carnaval nos hubiera traído un buque disfrazado de fantasma para hacernos presente entre jueves de compadres y jueves de comadres, en A Mariña, los problemas del buque cargado de hidrocarburos que tras navegar en medio de la incompetencia se fue a pique dejando chapapote por una buena parte de los 1.700 kilómetros de costa gallega. Como soy mariñano y conozco cada playa, me hice a los caminos en busca de paisaje y paisanaje enterado. Desde las atalayas para avistar el paso de las ballenas se puede ver el barco, entre las rías de Viveiro y O Barqueiro. Puede que hasta las ánimas de los caballeros templarios de A Coelleira hayan estado de vigías. En tierra, los políticos zaheridos por la catástrofe del Prestige tratan de impartir doctrina para crear conciencia de afectados. Pero lo tienen complicado. Buen tiempo y buque con proa a sotavento que aleja de la costa la columna de humo. Hablo con mis amigos de Protección Civil. No hay toxicidad. El fertilizante es de uso frecuente. El problema está en la reacción en cadena calor-fermentación-oxígeno-calor. Hay que buscar una manera de apagar el foco del calor. Sería más fácil en tierra, pero nadie se atreve a poner al buque a menos de seis millas de la costa más hermosa del Cantábrico. Leo que alguna asociación de vecinos denuncia en la prensa local el miedo y la indignación que se vive. Busco desde O Vicedo hasta Burela a tales ciudadanos. Me paro en San Román y A Roncadoira. Muchos curiosos, periodistas y prismáticos para otear el horizonte más cercano. Pero inquietud y temor, sólo en los deseos políticos de los que han creído estar ante la oportunidad para devolver improperios y gritos a quienes dijeron «nunca máis». ¡Qué oportunidad con las elecciones a la vista! Pero las gentes están enterrando la sardina. Una vez más, los caminos de los políticos y los ciudadanos no se encuentran ni en los petos de ánimas. ¡Y era buena! Más que nada para tener tema de conversación que no sea el de los pelotazos a golpe de ladrillos en concellos en los que el alcalde nos ha salido pelín Pericles. A la vista de lo que acontece, me desplazo hasta el lugar donde se baña A Maruxaina, que tanto sabe de cantos para acercar tripulaciones de incautos. Me dice algo obvio. «Son como niños¿».