SIENDO rigurosos, comparar la crisis del Ostedijk con la del Prestige es como medir al Manchester con el Mérida. Son 6.000 toneladas de fertilizantes frente a 77.000 de fuel. El Prestige era una bañera de 23 años, con un boquete en un costado, y cuando se dirimía su destino su casco ya no soportaba que se emplease su máquina a máxima potencia. El Ostedijk tiene sólo un año, y aunque en las inspecciones se le detectaron algunas deficiencias, su casco está intacto y su motor, también. Pero aún así, preocupa que el carguero holandés lleve tres días danzando de Camariñas a Bares, mientras va emergiendo de su cubierta un inquietante vapor naranja. Al igual que en el caso del Prestige , parte de la partida se juega en el campo de la comunicación: ¿Cómo y cuándo se cuenta lo que está pasando? ¿Es puntual y precisa la información oficial, tal y como se merecen y exigen los gallegos tras el escarnio de aquella inolvidable primera semana del Prestige ? La información va fluyendo, pero a veces lo que se dice puede chirriarle un poco al sentido común. Pilar Tejo es la directora de Salvamento Marítimo y está al frente del que las autoridades llaman «gabinete de crisis». En su comparecencia de ayer, Tejo reiteró que «no existe ningún riesgo de explosión, ni de incendio, ni de contaminación». La carga, a su juicio, tampoco supone una gran amenaza para la salud, pues según ella no se trata de un producto tóxico, sino «sólo irritante». Las palabras de la responsable de Salvamento sumen al profano en la perplejidad y le llevan a hacer preguntas que sin duda serán de ignorante. Por ejemplo: si no va a explotar, ni va a arder, ni va a contaminar, ¿por qué no lo llevan a un puerto, vacían su carga, o la aligeran, y se acaba la semana de antroido naranja del Ostedijk ? La repuesta quizá haya que buscarla, una vez más, en las urnas. A tres meses de las municipales, ¿qué alcalde renuncia a montar una algarada si le plantan el barco errante en el puerto de su ciudad? Pero en los países ordenados frente al interés local está el interés general, que deben fijar las autoridades del Estado. Al menos mientras siga existiendo...