Inmóviles

CÉSAR CASAL GONZÁLEZ

OPINIÓN

17 feb 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

¿QUÉ hacíamos cuando no existían los móviles? No fue hace tanto. Ahora no sabemos salir a la calle sin el móvil en el bolsillo. Nos dejamos las llaves, pero no el móvil, por Dios. Sin móvil, nos quedamos inmóviles, atacados de ansiedad. El móvil nos moviliza a todas horas, en cualquier sitio, donde haya cobertura. Dicen que es una gran ventaja. Creo que es una pesadilla. Stephen King lo cuenta en su último libro. Los adictos reciben un mensaje que los enloquece. El camino de nuestra felicidad es extraño. Lo que más se valora es que, con un móvil, podamos hacer de todo. Escuchar música, sacar fotos, grabar vídeos, normalmente absurdos, engancharnos a Internet hasta quemarnos las pestañas y ver la tele. Que la salsa rosa y el tomate, tomate nos persigan, donde haya cobertura. Tantos libros para concluir que la piedra filosofal es un objeto del tamaño de un paquete de cigarrillos que debería servir para comunicarnos, pero que, en realidad, sólo nos aleja del contacto auténtico: de hablarse a los ojos, el calor de siempre. El mundo resumido al fin en un pequeño objeto que satisface todas las necesidades. Necesidades que anteayer ni existían. Queda claro que el órgano crea la necesidad. Si colocan en el móvil un pequeño lugar para un kit de supervivencia, las típicas pastillas de alimento de un astronauta, ya podremos vivir perfectamente aislados gracias a un móvil que, en teoría, nos conecta a todo y con todos. Los ricos de verdad, los megapoderosos, ya se dieron cuenta del engorro del móvil y se niegan a llevarlo. Tienen un secretario personal que filtra esa fiebre. Los poderosos saben que la distancia es el respeto. Menos mal que en Galicia hay muchas zonas sin conexión, donde uno puede ser feliz haciendo lo de siempre: reunirse con los seres queridos para quererse, sin más móvil para delito tan humano. cesar.casal@lavoz.es