Luces del norte

| XOSÉ CARLOS ARIAS |

OPINIÓN

14 feb 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

EN EL LARGO y ya un tanto aburrido debate sobre la sostenibilidad del modelo social europeo, tienen fuerte presencia los argumentos que insisten en hablar de euroesclerosis, siempre con la mirada arrobada puesta en el otro lado del Atlántico. Y si es cierto que para la pervivencia de nuestros Estados de bienestar la llamada globalización representa un importante desafío, no lo es menos que se observan también algunos signos de su gran vitalidad en el continente. Gran relevancia tiene el hecho, no suficientemente divulgado, de que son precisamente los países en los que es mayor el compromiso público con los programas sociales (sean de redistribución de la renta, protección familiar, sanidad o educación), los que reúnen en mayor medida tendencias evidentes de dinamismo económico y virtud institucional. Es evidente que hablamos de los países escandinavos o, más en general, del norte de Europa. Y no es desde luego casual que el último índice de desarrollo humano de la ONU -que incorpora, entre otros, datos económicos y tecnológicos- esté encabezado por Noruega e Islandia, con Suecia en quinto lugar (frente al puesto 8 de Estados Unidos y el 19 de España). Porque el hecho de ser el país con mayor éxito en la lucha contra la pobreza no impide que Suecia, por ejemplo, supere claramente a Estados Unidos en el índice general de innovación que elabora la Comisión Europea; y ello no tiene nada de raro, pues también hay diferencias a favor del primer país en datos tan significativos como el gasto relativo en I+D (4,5% del PIB frente a 2,7) o el número de investigadores por millón de habitantes (5.200 frente a 4.500). Si a ello añadimos que la comparación de la inversión en capital humano le es aún más favorable, veremos que en los factores más determinantes para asegurar el crecimiento a largo plazo, Suecia -como Finlandia o Noruega- no está precisamente en desventaja. Mucho menos conocidos son los datos sobre comportamiento institucional. En el último índice de Transparencia Internacional sobre control de la corrupción, Finlandia ocupa la mejor posición, con todos los países nórdicos entre los ocho primeros (Estados Unidos es el número 20 y España, el 23). Y en el índice de gobernabilidad 2006 del Banco Mundial, Suecia, Finlandia y Noruega presentan posiciones casi inmejorables -en todo caso, mejores que las norteamericanas- en términos de control de las administraciones, imperio de la ley, calidad de la regulación pública o eficacia del gobierno. ¿Buscamos un modelo, una luz? A la vista de lo anterior, ¿será necesario que lo hagamos lejos de nuestra vieja, amada Europa?.