Rosa sangre

CÉSAR CASAL GONZÁLEZ

OPINIÓN

10 feb 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

HAY tantos periodismos como periodistas. Como hay tantas maneras de ser fontanero como fontaneros. Los programas de color rosa cada vez parecen más programas de color rojo sangre. Muchas veces viven de los muertos, de sacar los trapos sucios de los muertos y de los que quedan, con su dolor, el dedo en la herida y una sonrisa cínica de enterrador en el rostro. Sus comentaristas se autoproclaman periodistas y le hacen un daño horrible a este oficio, que es como todos, honesto cuando se ejerce con honestidad. Gran parte de esos comentaristas nunca pisaron una facultad de periodismo ni una facultad. No son periodistas, aunque afirmen una y otra vez lo contrario. Lo repiten como coartada. Es otra más de sus muchas mentiras. La mitad de ellos ni conocen a los personajes de los que destripan sus vidas, sus amores, sus errores. Ya saben, el que no guarde cadáveres en el armario que tire la primera piedra. En el periodismo hay un código deontológico que esos supuestos profesionales se fuman. Seguro que lo de deontología ellos lo confunden con ir al odontólogo. No hay más discusión. La familia de Érika pidió prudencia con razón a la hora de contar la noticia, porque sabían lo que se les venía encima. Una montaña de mentiras que, repetidas, terminan sonando a verdad, pero sólo en las cabezas huecas. Muchos esta vez han puesto el grito en el cielo. ¿Cómo se pasan en esos programas?, oí. Claro que lo gritaban con el mando en la mano y el canal del delito puesto en su televisor. Nunca me he creído yo ni los índices de audiencia a los que afirman siempre: «Yo sólo veo los documentales de la 2. Me encantan». El problema de la información basura es que siempre encuentra quién se la coma. No metan a todos los periodistas en el mismo saco de residuos orgánicos, por favor. cesar.casal@lavoz.es