La otra cara de la EPA

JOSÉ ANTONIO ORZA

OPINIÓN

09 feb 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

LA ENCUESTA de Población Activa (EPA) hecha pública el pasado 26 del mes de enero es un documento que merece más análisis que los que han trascendido, al menos hasta ahora. Resulta fácil apuntarse a los datos favorables que la EPA contiene asumiendo, con cierto triunfalismo, que estamos ante la mejor situación en muchos años respecto al mercado laboral. En efecto, cerrar el año con una tasa de paro del 8,05%, inferior en un 0,25% a la estatal, es algo que valorar positivamente. Que la ocupación haya crecido un 2,9% sobre el cuarto trimestre del 2005 creando 33.100 nuevos empleos y situando en 1.170.500 el número total de ocupados al 31/12/2006 es en sí mismo una buena noticia. Ya no lo es tanto que la tasa de creación de empleo quede alejada en más de medio punto, un 0,65 exactamente, de la española, poniendo de manifiesto que perdemos posiciones relativas en un tema clave para cualquier estrategia de crecimiento. Aun a riesgo de simplificar mucho, si nuestro empleo crece menos que la media estatal, ¿cómo mantener la participación en el PIB o, lo que es muy importante, cómo incrementarla para ganar convergencia en términos reales? Tampoco es una buena noticia que la evolución de los activos se sitúe prácticamente en la mitad que la estatal y que la tasa de actividad no alcance el 54%, quedándose casi 5 puntos por debajo. Este comportamiento revela, por una parte, que el dinamismo de nuestra economía no es suficiente para atraer empleo en mayor proporción que en otras comunidades, pero también explica, por otra, por qué, aun presentando tasas de empleó inferiores a la media, reducimos el paro en mayor proporción. Esto, y espero no ser mal interpretado, debería llevarnos a afirmar que el problema de Galicia no está ya tanto en el paro sino en los activos. Si no se incrementa la población dispuesta a trabajar, pronto tendremos serias dificultades para atender las necesidades crecientes de empleo de los sectores productivos, con riesgo evidente de estrangulamientos que harán inviable cualquier objetivo de convergencia real en plazos razonables. Pero para que los activos crezcan y lo hagan a tasas superiores a la media, se necesitan políticas económicas orientadas claramente en esa dirección, esto es, políticas que posibiliten la incorporación de inmigrantes en número muy superior a los actuales. Así ha sucedido y está sucediendo en las comunidades más dinámicas y, por lo tanto, más ricas, y difícilmente será diferente en Galicia. En esta línea, tampoco es buena noticia que el número de los activos haya descendido en más de 11.600 sobre el trimestre anterior o que el número de parados se haya incrementado en más de 9.000, datos que no se explican solamente por razones estacionales. Mayor preocupación debe suponer la desaceleración que se advierte en el sector servicios, que pasó de crecer al 7,1% en el primer trimestre a hacerlo por debajo del 1% en el cuarto del mismo año porque, si la tendencia se mantiene, ¿quién tomará el relevo y en qué medida se podrán cumplir los objetivos de creación de empleo fijados para el 2007 por la Xunta? No se puede ser tampoco optimista respecto de la calidad del empleo, ya que la información que facilita la EPA no es buena se mire por donde se mire. Y aunque haya bajado un punto sobre el trimestre anterior la tasa de temporalidad, está situada en el 35,3%, y en el sector privado resulta ser 2,5 puntos superior a la estatal, situándose en un preocupante 37,9%. La conclusión que se puede extraer de este dato es que tal vez las políticas destinadas a favorecer la contratación estable, a pesar de los cuantiosos recursos que utilizan, no están dando el resultado que de ellas cabría esperar, por lo que pueden y deben ser redefinidas para garantizar un uso más eficiente de los recursos. La cuestión no está, pues, en quedarnos con lo que a primera vista se desprende de la EPA, sino en profundizar en lo que nos dice tanto a corto como a medio plazo. La otra cara de la EPA está pidiendo que seamos conscientes de que necesitamos incrementar sustancialmente nuestros activos si queremos evitar un más que probable colapso productivo a medio plazo. Está diciendo, también, que para ello es preciso definir políticas claramente orientadas a ese objetivo, olvidándonos de muchos lugares comunes al uso en planes y programas estándar. Además, está poniendo de relieve que las actuales políticas no sirven para resolver la temporalidad y que deben ser sustituidas por otras que vayan al fondo de los problemas de la contratación al tiempo que profundizan en las relaciones laborales, buscando el mejor equilibrio entre flexibilidad y garantías sociales.