Profesiones

| ALBINO PRADA BLANCO |

OPINIÓN

UN RECIENTE informe de la unidad de estudios de Opinión Pública de la Fundación BBVA viene a corroborar, con datos para una docena de países, los resultados que para España estimó en un barómetro de opinión nuestro Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). Dejando la ocupación de político a un lado, el barómetro concluía que para los ciudadanos españoles la profesión menos valorada es la militar y la que más, la de médico; el informe internacional, por su parte, también sitúa entre las profesiones que más confianza generan en la población española la de médico y entre las que menos, la militar. Sólo los religiosos -además de los políticos- son peor valorados en España que los militares, según ese panel internacional. La escasa confianza relativa en los religiosos por parte de los ciudadanos también es absoluta, porque, de los trece países analizados, es en España y Japón donde gozan de menor confianza. El barómetro español del CIS permite además afinar la opinión pública sobre distintas profesiones en ciertos aspectos: la utilidad social que se les reconoce, el prestigio social que tienen o si se consideran bien o mal remuneradas. Comentaré tres, a mi juicio paradigmáticas, con una puntuación global intermedia (más alta que la de los militares, menor que la de los médicos): profesor, juez y albañil. En cada caso no nos interesan aquí ni las estrellas valiosas ni las ovejas negras, solo el colectivo y su percepción social. De las tres es a los profesores a los que se les reconoce una mayor utilidad social, aunque su prestigio o estatus es más bien bajo... tanto como la valoración que se tiene de su nivel de ingresos. No parece haber aquí relación entre lo socialmente útil y lo valioso monetariamente y sí -a la baja- entre los ingresos y el prestigio social. Un caso que confirma, a la inversa, lo anterior es el de los jueces. La opinión pública del barómetro español considera muy escasa la utilidad social de esta profesión, sin embargo el prestigio y las remuneraciones se considera que son altas. Buenos ingresos y alto prestigio... aunque muy distantes de la utilidad social que se les reconoce. ¿Y la profesión de albañil? Se asemeja a la de profesor tanto en lo relativo a la alta utilidad social que se le reconoce como en un escaso prestigio social, que en su caso cae a niveles mínimos. Si en el trío analizado (utilidad, prestigio, remuneraciones) profesores y jueces son la cara y la cruz invertida entre utilidad y las otras dos, la valoración de los albañiles confirma que -sin duda- el prestigio social poco tiene que ver con la percepción de la utilidad de una profesión. Aunque en este caso las retribuciones si parecen acomodarse y acompasarse a su utilidad social. Así las cosas, a los profesores españoles debiera estimularles el saberse muy cerca de los médicos en la confianza que suscitan en la población (según el informe internacional de la Fundación BBVA), mientras que no pocos jueces debieran reflexionar en el porqué de aparecer con valoraciones semejantes a la de los religiosos.