EL DIOS de Curros Enríquez tiene que estar asomado al agujero de ozono para ver el espectáculo político español. Lleno de asombro y sin creer en sí mismo, dejará escapar su conocido lamento: «Si éste es el mundo que Yo hice, que el diablo me lleve». Verá los lapsus de nuestros dirigentes: el de Fernández de la Vega, llamando papelito a un acuerdo histórico; el de Zapatero, a quien ayer se le escapó otra vez el «trágico accidente», ahora para referirse al atentado de Barajas¿ Observará cómo un sindicato democrático se niega a poner la palabra «libertad» en una pancarta; cómo un gran partido, también democrático, se niega a asistir a esa manifestación, porque esa palabra está en el comunicado final, pero no en la dichosa pancarta; o cómo una asociación de víctimas del terrorismo no quiere protestar en la calle contra el terrorismo que ha causado otras víctimas. Pero si todo esto es de consulta de psiquiatra más que de crónica política, sigamos añadiendo situaciones inverosímiles: la palabra diálogo se utiliza para no hablar, en vez de para comunicar a personas y partidos. El concepto de paz puede usarse igual por terroristas que por los encargados de combatirlos. El verbo pactar se aplica al hecho de disolver un pacto. Consensuar es excluir del consenso. Partidismo es que sean otros, y no uno mismo, quien convoca una acción. División es que también otros se te adelanten en una iniciativa de impacto social¿ Éste es el debate político de los últimos días. Ésa es la esencia de la aportación de nuestros representantes a la traumática situación creada por un brutal atentado. En tal escenario, ¿qué tiene de extraño lo que hizo Batasuna? Oyó que había una manifestación «por la paz y el diálogo», y decidió apuntarse. ¿Por qué no? Para ellos, la paz es que la policía no persiga asesinos, así que acudirán. Diálogo es que el Gobierno se siente a hablar con los mismos asesinos, así que allí estarán. Como el convocante Ibarretxe redactó ese lema tan ambivalente, porque ya se sabe que en Euskadi hay que ser ambivalente, lo que dice vale lo mismo para terroristas que para sus víctimas. ¡Qué tedio de país! ¡Qué situaciones más cómicas, si no estuvieran marcadas, manejadas por una organización asesina que provocó novecientos muertos! ¿Cómo hemos podido llegar a esta situación? ¿Cómo se puede ofrecer este espectáculo de desunión, de egoísmos, de destrucción de los más hermosos conceptos políticos? ¿Qué clase política es ésta, que se deja chulear por los terroristas y escandaliza así a la sociedad? Para lo que están consiguiendo, más vale que renuncien a manifestaciones, protestas y discursos. Y dedíquense, ante de nada, a aclarar sus ideas. No fastidien más a este país.