LA NOTICIA es de las que ponen los pelos de punta. La posibilidad de un ataque nuclear por parte de Israel a las instalaciones de enriquecimiento de uranio de Irán, divulgada por el británico The Sunday Times , debería sobrecogernos a todos. Y es que, a pesar de los desmentidos de los ministerios de Asuntos Exteriores de Israel y de Gran Bretaña, la idea no parece descabellada en su concepto, dada la trayectoria belicista y de autodefensa del Gobierno de Tel Aviv (ya atacó una instalación nuclear iraquí hace años), aunque sí en las consecuencias que podría provocar. Cuestión aparte es determinar si esta información tan delicada se ha publicado ponderando el posible efecto preventivo que su conocimiento tendría, el enrarecimiento aún mayor que podría provocar en las tensísimas relaciones entre Israel e Irán, o, por el contrario, considerando su filtración como advertencia y para tantear la reacción internacional. Irán se ha erigido, sobre todo desde el ascenso al poder del presidente Ahmadineyad, en garrote impenitente de Israel y de todo lo que tenga que ver con los judíos, y ello a pesar de que en Persia vive una comunidad judía de unos 30.000 miembros con una larga tradición. La provocación verbal que el gobernante persa se ha permitido utilizar llegó a su cénit con la celebración en diciembre de una conferencia en Teherán para «revisar las verdades sobre el Holocausto judío» a la que asistieron 67 participantes, entre los que cabía destacar al australiano Fraederik Toeben, encarcelado en Alemania; Robert Faurisson y Georges Thiel, condenados en Francia, los tres por haber negado la existencia del Holocausto, o Daniel Duke, miembro del Ku Klux Klan. Además, Ahmadineyad ha estado jugando al gato y al ratón con Estados Unidos y con la comunidad internacional a la hora de cumplir con las exigencias para el control del desarrollo de la energía nuclear con fines pacíficos. Israel conoce muy bien a sus adversarios y sabe que su mejor baza es su desunión y su tendencia a hablar mucho y hacer poco. Sin embargo, un ataque nuclear, además de contaminar y provocar víctimas, podría lograr algo difícil pero con lo que debería contar: la reacción coordinada de toda la comunidad musulmana.