EL TÍTULO de la conocida película de Neil Jordan bien podría servir para indicar el ánimo con que hoy acuden a su cita tanto Mariano Rajoy como el presidente Zapatero. Con el vampiro, sí, pues ambos temerán que cada uno trate de utilizar la entrevista para sacar la sangre al otro... por supuesto en términos políticos. Zapatero desconfía de que Rajoy intente utilizar la información que pueda transmitirle para seguir dale que te pego en el tema central de la política española: el de la negociación con ETA. Y Rajoy alberga muchas dudas respecto a la auténtica intención de Zapatero, que lo llama de un modo apresurado, tras muchos meses de incomunicación y con unas formas propias de una república bananera: comunicándole el día y hora de la cita después de haberlos anunciado oficialmente. En todo caso, y al margen de lo que hoy pueda ocurrir en la Moncloa, lo primero que sorprende no es que el presidente del Gobierno y el líder de la oposición vayan a entrevistarse, sino que lleven casi nueve meses sin hacerlo. Esto, que quizá podría entenderse en esos países felices y aburridos donde nunca pasa nada, es sencillamente increíble cuando en el tiempo transcurrido desde la ultima reunión entre Rajoy y Zapatero el Gobierno ha mantenido contactos, más o menos oficiales, con una banda terrorista. Pese a ello, ni el presidente ni las personas de su plena confianza han considerado necesario informar al segundo partido del país sobre cómo marchan las cosas en un supuesto proceso de paz que lleva muchos meses siendo en realidad algo bien distinto. Zapatero ha hablado, entre tanto, con casi todo el que se le ha puesto por delante sobre la importancia de la paz -lo que es obvio- y sobre lo mucho que él está dispuesto a hacer por conseguirla, lo que resulta ya más discutible, pues depende de qué se considere de verdad negociable e innegociable. El presidente no se ha cansado, desde luego, de contar sus planes a diestro y a siniestro, pero no ha creído conveniente hacer lo propio con Rajoy. ¿Es por culpa de Rajoy? Eso sostienen los dirigentes del PSOE, empeñados en convencernos de que el líder del PP no merece en este asunto ninguna confianza. Es verdad que la oposición sin cuartel del PP inclina a creer que es difícil confiar en quien dice las cosas brutales que dicen hoy sobre el Gobierno Rajoy, Acebes o Zaplana. Pero lo es también que la única manera de lograr que se acerque el adversario es intentarlo. Si la entrevista de hoy sirve a ese objetivo, será un buen regalo de Navidad para todos los ciudadanos españoles. Salvo, claro, para los que apoyan a ETA y Batasuna.