¡Cuánto hay que no necesito!

FEDERICO FERNÁNDEZ DE BUJÁN

OPINIÓN

ENTRAMOS en tiempo de Navidad. Tiempo de ternura, buenos sentimientos, gozos, alegría... tiempo de paz. Tiempo también de nervios y prisas generados por unas compras que cada año se desbordan más en lo material y nos complican más en lo vital... Tiempo de cansancio y estrés. Quizás este consumo convulsivo está ahogando aquel tiempo de amable reunión familiar o encuentro de amigos. Los mensajes publicitarios y las grandes superficies comerciales nos han adelantado la Navidad, hace casi un mes, excitando la rueda imparable del consumismo. Ciertamente, las cosas de consumo pueden hacernos más agradable la celebración de estas fiestas, en las que una buena comida o un bonito regalo expresan nuestro cariño hacia aquéllos que queremos. Pero no es aceptable que lo material desplace y dificulte todo lo demás. En este marco te ofrezco tres citas que someto a tu reflexión. La primera, de Sócrates. Se cuenta que cuando atravesaba los mercados de Atenas, en los que se vendían productos de todos los rincones del mundo conocido, exclamaba: «¡Cuánto hay que no necesito!». La segunda es de San Francisco, llamado il poverello de Asís por ser símbolo de desprendimiento de los bienes terrenos: «Qué poco necesito, y lo poco que necesito, qué poco lo necesito». Es difícil alcanzar tamaño desapego, pero puede ser un ideal que nos indique un camino. La tercera cita es apócrifa, tomada del refranero, depósito de sabiduría popular: «No es más rico quien tiene más, sino quien necesita menos». Expresa una verdad incuestionable. Por más que acumulemos, el mercado siempre ofrece nuevos productos y genera nuevas necesidades. Así, nunca nos deja satisfechos. Si conseguimos no dejarnos seducir y evitar que el consumo nos consuma, lograremos que nuestra feliz Navidad no quede reducida a unas felices compras.