Menos mal que nos queda Portugal

OPINIÓN

EN UNA prueba de ese gran realismo del que siempre ha hecho gala el BNG, su última Asamblea Nacional ha acordado por unanimidad que Galicia debería ajustar su hora oficial no a la del resto de España, sino a la del vecino Portugal. ¡Bien por el Bloque! Al parecer, las razones de una decisión tan estupenda tienen que ver con lo mucho que podríamos ahorrarnos en Galicia si retrasáramos la hora para ajustarla a la que, al parecer, nos corresponde según el huso horario en el que por razones geográficas estamos incluidos. No aclara el Bloque, sin embargo, si en Galicia debería haber dos horas oficiales diferentes, dado que un simple vistazo al mapa de husos horarios europeos parece indicar que no a toda la región, sino sólo a su mayor parte, le correspondería el huso portugués. ¿Se imaginan qué deliciosas experiencias podrían vivir los vecinos de esos municipios lucenses y ourensanos en donde la hora fuera diferente según se estuviera de uno u otro lado de un regato o de una veiga ? O do peixe tocaría la bocina en casa de María a las tres y cinco de la tarde y una hora después en la casa de José, pese a que las viviendas de una y otro estuvieran unidas por una medianera. Sería esa una originalidad tan portentosa, que serviría a buen seguro a una parte de nuestros más ilustres literatos para seguir vendiendo esa burra que tanto les gusta a las señoras de Madrid: la de la Galicia de las meigas, los cambios de era provocados por diferencias electorales de un escaño... y el milagro de la multiplicación de los minutos y las horas. La propuesta del Bloque tendría, además, una ventaja adicional, que se les ha escapado, ¡seguro!, a sus actuales dirigentes, pues la han realizado siguiendo estrictos razonamientos económicos y sin pensar para nada -¡faltaría más!- en la política: que nos acercaría a Portugal. De hecho, parece mentira que el BNG, que ha hecho del lusismo y de la hispanofobia una de sus banderas principales, no haya caído en la significación extraordinaria que la unificación horaria podría tener como principio de esa soñada nación luso-galaica. ¡Y qué serían, en comparición con tal ventaja, los diversos inconvenientes que se derivarían para todos de tener una hora diferente a la del resto del país! Bastaría con no subirse nunca a un tren, un barco o un avión, no hablar por teléfono, no ver la televisión, no escuchar la radio, y, en fin, no volver a tener comunicación de ningún tipo con España para no notar en nada lo del cambio de la hora. Es decir, bastaría con vivir como si España no existiera, algo a lo que el Bloque Nacionalista Galego está, desde luego, plenamente acostumbrado.