Revolucionarios de verdad

PEDRO GONZÁLEZ-TREVIJANO

OPINIÓN

02 dic 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

EL MUNDO ha conocido los más variados revolucionarios en las más dispares materias. Permítanme que incurra en un cierto chauvinismo -algo, por lo demás, que a los españoles no nos vendría mal de vez en cuando- y que les apunte algunos de nuestros nombres más egregios. Así, en el ámbito científico, habríamos de recordar al aragonés Miguel Servet y al genial Santiago Ramón y Cajal. En el campo de la política, al oráculo máximo de la razón de Estado, y seguramente nuestro monarca más sobresaliente, el astuto Fernando el Católico. En el mundo artístico, nuestra tríada universal: Velázquez, Goya y Picasso. En el entramado de las finanzas y de la industria al singular marqués de Salamanca o al emprendedor Eduardo Barreiros. Y en el de las musas, a Miguel de Cervantes, Lope de Vega o Federico García Lorca. Pero los revolucionarios no se circunscriben en la actualidad a las acciones reseñadas. Hoy, éstos no se encuentran sólo en la ciencia, la política, la pintura, las finanzas o las letras. Los revolucionarios de verdad son también aquellos que hacen de la atención a las necesidades de los demás su referencia prioritaria. Y aquí hay tres nombres emblemáticos: Bill Gates, Warren Buffet y Muhammad Yunus. Tanto Bill Gates, el fundador de Microsoft y hombre más rico del mundo, como Warren Buffet, el famoso gurú de Wall Street, no sólo pasarán a la posteridad por su éxito profesional, sino por haber tomado una decisión auténticamente revolucionaria: dedicar una parte importantísima de su fortuna a obras de responsabilidad social empresarial. En efecto, Gates cedía 30.000 millones de dólares a la fundación que lleva su nombre, y a la que ya ha anunciado va a dedicar su tiempo, dejando la dirección de Microsoft, mientras Buffet donaba otros 30.000 millones -la donación más elevada realizada nunca por un tercero- a dicha fundación. Una conducta que no tiene, dada su naturaleza y dimensión, precedentes, pues hasta el momento las acciones filantrópicas se instrumentalizaban con fundaciones con el nombre del fundador. En total, la Fundación Gates dispone de 60.000 millones de dólares, ¡multiplicando por seis el presupuesto de Naciones Unidas! Una fundación centrada en combatir el sida, la malaria y la tuberculosis, y que ha conseguido salvar ya medio millón de vidas. Pero unas investigaciones a las que se ha impuesto, no obstante, una condición ineludible: todos los científicos han de colaborar entre sí, compartiendo desde un primer momento sus resultados y experiencias. Y en cuanto a Muhammad Yunus -agraciado con el Premio Nobel de la Paz-, qué les voy a decir de sus microcréditos para los más desfavorecidos. Un empresario que decidía en 1974 poner fin a una prometedora carrera e impulsar el Graneen Bank. Un banco del que para ser cliente solamente se exige una condición: ¡ser pobre! Una entidad que concede créditos de doscientos dólares, que ha obtenido un beneficio de 15,21 millones de dólares, más de cincuenta premios internacionales, y que cuenta con 12.000 empleados, seis millones de clientes y un capital de 5.000 millones de dólares en préstamos. Como señalaba Bernardo Kliksberg en el diario argentino La Nación , en un artículo muy sugerente, Mensaje para millonarios, «es imprescindible avanzar hacia empresas que asuman un compromiso, en términos financieros y de políticas empresariales, con los grandes problemas de la sociedad. Será para el bien del país, de la ciudadanía y de las empresas». ¡Esperemos que cunda el ejemplo!