El BNG: apocalípticos e integrados

OPINIÓN

¿ES equivalente la significación cultural de Superman y la de Emma Bovary? ¿Tienen el mismo valor las partituras de Berlioz, o las películas de Coppola, que la música de Bisbal y los filmes de Santiago Segura? En 1965 publicó Umberto Eco un libro de ensayos excelente en el que explicaba que había dos formas de afrontar los cambios que la cultura de masas había traído de la mano (entenderlos como el final de la cultura con mayúsculas o como la consecuencia de su democratización irreversible) lo que permitía contraponer dos actitudes, con las que Eco dio título a su obra. Apocalípticos e integrados, la llamó. El debate en el que está centrada desde ayer la XII Asamblea Nacional del BNG puede interpretarse, desde luego, desde puntos de vista diferentes: tiene una vertiente organizativa indiscutible -la de cómo ha de funcionar internamente el Bloque del siglo XXI- y también una evidente dimensión político-ideológica: la de hasta dónde ha de llegar el BNG en su camino hacia la Constitución y el Estatuto. Pero, más allá de la una y de la otra, en la Asamblea del BNG se discute en el fondo, como en las de todos los partidos, una cuestión básica y esencial: la del poder. Y es en esa discusión sobre el poder donde ha resonado una polémica que reproduce la dualidad de los integrados y los apocalípticos a los que se refería en otro contexto Umberto Eco. Quintana y los suyos acusan a sus críticos -entre los que están las dos figuras más relevantes del nacionalismo gallego de la segunda mitad del siglo XX: Beiras y Nogueira- de anunciar el apocalipsis de la desaparición del BNG cuando el BNG es, dicen, más poderoso que nunca antes en su historia. Los críticos, pese a sus diversas diferencias, creen que los quintanistas son los integrados del aparato del poder («os de ajora», que diría mi tía Enriquetiña), a cambio del cual están dispuestos a renunciar al dogma soberanista que constituye la verdad revelada que da sentido al BNG. Como suele ser frecuente, todos tienen una parte de razón: porque es cierto que el BNG disfruta hoy de más poder del que nunca imaginó, y lo es, al mismo tiempo, que su práctica política poco tiene que ver con esa «Nación en marcha» que preside su Asamblea. No parece, sin embargo, que sean esos los problemas auténticos del Bloque, que si por algo tendría que estar muy preocupado es por un declive electoral del que nadie se da por enterado. De hecho, su poder actual sólo es vicario, pues depende del que tenga el Partido Socialista. Y su nación sólo ilusoria, pues ese poder del BNG se esfumaría en cuanto sus dirigentes pretendieran hacerla realidad.