ENTRE las propuestas que el Grupo de Alto Nivel -¡qué pedantería!- presentó en la última reunión celebrada en Estambul de la llamada Alianza de Civilizaciones, que lideran Rodríguez Zapatero y Erdogan, aparece el proyecto de escribir una historia consensuada de la humanidad. ¡Qué gran idea paren las montañas! Con todo, me parece que llega con cierto retraso, porque en el año 1963 la Unesco patrocinaba una Historia de la humanidad, que en 1966, hace pues cuarenta años, publicaba por primera vez en español la editorial Sudamericana. Aquella pretenciosa historia no fue sino un fiasco que se quedó en una simple historia del desarrollo cultural y científico, bastante deficiente por cierto. El grupo de expertos historiadores pretendía eliminar los aspectos conflictivos y escribir así una historia universal sin enfrentamientos, guerras ni disputas; es decir, eliminaban lo verdaderamente sustancial por lograr fraudulentamente un consenso imposible. Que Rodríguez Zapatero promueva un proyecto de esta naturaleza, cuando en España somos incapaces de consensuar nuestra propia historia, es un sarcasmo o una tomadura de pelo. Un presidente que, por medio de su ministra de Cultura, promueve una revisión interesada de la historia más reciente, la de la República y la Guerra Civil, no por amor a la objetividad histórica sino con el objetivo político de denostar al PP, ¿cómo puede, sin sonrojarse, hablar de una historia consensuada de la humanidad? ¿Cómo puede hacerlo un presidente de Gobierno que es incapaz de consensuar un programa mínimo de la Historia de España, en la enseñanza obligatoria, que sea asumido por todas las autonomías? ¿Cómo habla de consenso cuando aquí los nacionalistas reescriben la historia, falseándola, tergiversándola, mintiendo descaradamente sobre sus supuestas realidades nacionales, y nadie desde el Gobierno o desde el Partido Socialista se atreve a contestar a tales engendros? ¿Qué hemos de consensuar? ¿La verdad? No, los gritos de los energúmenos, quizá para calmarlos. Estos días salta la noticia de que un grupo independentista gallego ha difundido un mapa por las escuelas de su comunidad sobre los pretendidos límites de la Galicia que reivindican. En el mapa se incluyen como territorios de esa supuesta Galicia independiente comarcas asturianas, zamoranas y leonesas: en concreto, en León, las del Bierzo -con la horrenda denominación de Berzio, que ningún documento berciano avala- y la Cabrera, que ellos llaman Cabreira. ¿Qué razón histórica justifica estos límites de Galicia? Ninguna. Ni el Bierzo ni la Cabrera han sido nunca territorios del Reino de Galicia, sino del Reino de León, a no ser que estos nacionalistas lleven las cosas hasta la división de Hispania por Diocleciano, por la que se creó Gallaecia; pero ésta no era Galicia, sino un territorio muy diferente. Si esto fuera así, también los catalanes podrían reivindicar el Bierzo, Galicia, León y el norte de Portugal arguyendo que formaron parte de la provincia Tarraconense. ¿Hemos de consensuar con estos independentistas nuestra historia y los límites de Galicia y Castilla y León? ¿Se consensúa la verdad? No. Ya sé que algunos confunden el consenso en política -cosa que puede ser necesaria a veces, como señala Rawls, el pensador político norteamericano- con hacer de la historia un cuento de hadas. Pero la historia no lo es, por eso consensuar la historia es desvirtuarla; ésta ha de buscar la verdad, incluso aunque sea difícil alcanzarla por los intereses y posicionamientos ideológicos de los historiadores; pero no es una pretensión vana, pese a que a algunos no les gustan los resultados.